Porque hoy es sábado

Agosto ahí detrás

29.07.2017 | 05:00
Dolor por la muerte de Lucía, la niña de tres años que falleció en Pizarra.

Bien y no tanto, como seriamente debieran analizarse las cosas. Pero quién tiene los redaños de ponerle el cascabel a ese gato encabronado de contar las cosas como son y no como interesa a quien las cuenta. El paro bien. Lo mejor, sin duda, es que por fin hemos bajado de los 4 millones de desempleados y el ritmo de crecimiento del empleo es el de una locomotora. ¿Lo no tan bien? Pues que demasiado empleo es precario, temporal y centrado en los servicios. Según el INE (Instituto Nacional de Estadística) los empleados en ese sector llegan ya a 14,21 millones (aunque, cuidado con la valoración de esto, porque un arquitecto o un cirujano pueden ser o son sector servicios, no sólo lo son los camareros ocasionales) y la temporalidad está por encima del 26%. ¿Hemos oído hablar así a muchos portavoces políticos, estén en el Gobierno o en la oposición?

Lucía

Otras cosas están solo mal, muy mal. No consigo ponerme en la piel del maquinista que sobre las seis de la mañana del jueves, en ese punto de la bella comarca del Guadalhorce que pertenece al término municipal de Álora, encontró el cuerpo de la pequeña Lucía junto a las vías. Quienes andamos criando sabemos que un niño de tres años es agotadoramente imprevisible. En dos minutos un crío se puede ahogar, se puede caer, se puede quemar, se puede meter bajo una carroza de Reyes para coger un simple caramelo del suelo o se puede perder, como parece que se perdió esta criatura. Todo en un visto y no visto. Los niños de antes teníamos un ángel de la guarda. Quizá nunca existió, pero la necesidad social de que lo hubiera pone en evidencia que a veces no son suficientes un padre o una madre o un tío o una abuela o un primo mayor. La fatalidad golpea con terrible dureza. No soy capaz de decir mucho más sobre el asunto. Sólo destacar la tristeza de que seas maquinista de tren y te encuentres el cuerpecito de una chiquilla junto a la vía. Y, sobre todo, trasladar a los padres la comprensión y el sentimiento más reparador, en lo posible. Para ellos, sus primos y familiares un abrazo cerrado y sin fisuras.

Ásperos Asperones

No sirve de nada temerle al dolor. Viene. Mejor prepararse para enfrentarlo cuando venga. Y comprenderlo para ayudar así a quién de entre los nuestros lo padece. Mirarlo de frente. Cuando con pena por alguien querido volvía el miércoles del cementerio -lo que empieza a ser una costumbre-, miré de frente al pasar por la mal denominada barriada malagueña de Los Asperones. Recordé las entrevistas y reportajes que a lo largo de mi vida profesional en los medios he hecho desde los años 80 sobre esa solución provisional para una serie de familias que vivían en viviendas sociales salpicadas por zonas más nobles de la ciudad. El sentido de lo público parece que no va con ellos. Nadie asume como propia la vieja promesa de reubicarles en zonas con infraestructuras adecuadas, de no eternizar esa especie de poblado suburbial entre las cocheras del Metro, la basura de Los Ruices y el cementerio. Con desencanto algunos te dicen que se hará cuando la presión especulativa de ese suelo lo aconseje. Obsoleta y molesta, la rentabilidad social renquea mientras la rentabilidad económica galopa.

Ciudadanos y clientes

Es fácil defender la Semana Santa y las cofradías -a lo que me apunto-. La gente lo aplaude, además. Pero nadie, me temo, se va a quemar políticamente por Los Asperones sin obtener por ello más rédito que el moral. O quiénes de entre los políticos se atreven a ser políticamente incorrectos, ni siquiera en la defensa de lo razonable, cuando esto no renta e incluso incomoda. Nadie se va a atrever, por ejemplo, a estar en contra de una mejora de las condiciones laborales de un colectivo esencial y potente (como los funcionarios, por ejemplo), aunque esas mejoras se prometan en ocasiones, y desde todo el arco parlamentario, para mantener el voto clientelar.

ICA Málaga

Me ha sorprendido por eso favorablemente (y no sólo porque tan amablemente se me invitase un año más a la comida con los medios el miércoles pasado, debo decirlo) que el Colegio de Abogados de Málaga haya celebrado una jornada para asistir gratuitamente a quienes se lo juegan todo «para alcanzar una vida mejor» como dijo el decano, Francisco Javier Lara. Los inmigrantes que llegan en condiciones deplorables a nuestras aguas ya tienen a 300 letrados que, al menos, asistieron a la jornada para formarse sobre extranjería en situaciones tan al límite.

Chiquito y basta ya

También me ha sacado una sonrisa, a pesar de verle mayor y algo cansado en el vídeo que anda por las redes sociales, que el querido Gregorio, Chiquito de la Calzada, se haya «sumado» a las reivindicaciones de los médicos de familia en Málaga. Es verdad que no parece saber demasiado de la plataforma Basta Ya, ni de su respondona manera de hacer frente a la Junta por la gestión que hace de la sanidad pública en Andalucía, pero merecía la pena reseñarlo a últimos de julio...

Porque hoy es Sábado

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Crea tu propio Blog
Enlaces recomendados: Premios Cine