Tierra de nadie

Cambios en el sector

13.08.2017 | 05:00
Cambios en el sector

El turismo parece condenado a la clandestinidad. Si usted va a París, disfrácese de parisino; si a Venecia, de veneciano; si a Barcelona, de Barcelonés. En el futuro, lo más semejante a un turista será un agente secreto. Véase a sí mismo en el interior de Notre Dame, fingiendo que reza mientras observa de reojo la arquitectura de la catedral. Pasee usted por la Gran Vía de Madrid como si, en vez de disfrutarla, la sufriera. Dado el odio que el turista comienza a despertar, las agencias de viajes tendrán que ampliar su negocio para enseñar a los turistas a no parecerlo. De momento, nada de pantalones cortos, cámara fotográfica, camisetas viejas y visera para el sol. Si usted desea visitar los monumentos de Palma de Mallorca, mimetícese con el paisaje humano. Sea uno de ellos. No pida cocido en Madrid, ni pescadito frito en Andalucía, ni fabes con almejas en Asturias.

Como proyecto novelesco, la idea de hacer turismo fingiendo que vas o vuelves del trabajo, nos parece fabulosa. Se crearían patrullas ciudadanas especializadas en desenmascarar a los impostores. Iría usted paseando por la Piazza di Popolo, en Roma, haciendo como que se dirige al notario, cuando alguien a unos metros gritaría:

–¡Aquí hay una familia de turistas!

Volvería usted los ojos y vería a un matrimonio japonés, con sus dos hijos y sus nueras ridiculizados por la multitud. Se habían vestido de lagarterana, sea como sea ese disfraz, hasta que un miembro de la patrulla notó que caminaban demasiado juntos, como si estuviesen acostumbrados a moverse en grupo. Ahí tienen a los seis delincuentes a punto de ser conducidos al patíbulo mientras usted sigue caminando hacia la notaría falsa a paso ligero.

Turismo clandestino. Una nueva forma de ser, de viajar, que cambiará la faz de ese importante sector industrial. En Buenos Aires, por ejemplo, para escuchar tango, deberá usted disponer de contactos especiales que le proporcionarán direcciones secretas, donde se cantará en voz baja para no alertar a los vecinos. Y qué decir de los tablaos flamencos, ocultos tras la fachada de una pollería. Veo más problema en los vuelos chárter. ¿Cómo aterrizar sin ser detectados?

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