Tierra de nadie

Convicciones

08.09.2017 | 00:07

Vi hace poco en el telediario un vídeo donde un policía norteamericano le decía a una mujer a la que acababa de detener que no tuviera miedo, pues no pensaba disparar.

-Solo matamos a los negros –añadió.

Pensé en la época, no tan lejana, en la que los negros, en el cine, solo podían hacer de negros. Ahora ya pueden hacer, qué sé yo, de ingenieros. Sin embargo, cuando los detiene la policía por un problema de tráfico solo pueden hacer de muertos. Las minorías, sean del tipo que sean, tienen muchas limitaciones. Hasta Juego de Tronos, los enanos, en las películas, solo podían hacer de enanos. El enano de esa serie es la excepción a la regla. Cuando en una playa nudista se introduce un tipo con bañador, se convierte automáticamente en el ´textil´ de la zona. Creo que ´textil´ se está convirtiendo en el antónimo de nudista, lo escuché no sé dónde. Pues bien, ese hombre con bañador puede estar dotado de un sinfín de virtudes o de defectos curiosísimos, pero nadie se acercará a él para interesarse por su formación cultural o sus habilidades culinarias. Será un ´textil´, y punto. Del mismo modo, si en una playa de textiles se colara un nudista, devendría inmediatamente en «el nudista», aunque fuera también Premio Nobel de Física. Aficionados que somos a las reducciones, sobre todo desde que nos hemos entregado a la cocina. Siempre me sorprende escuchar el término ´reducción´ en los programas de gastronomía de la tele. Reducción al vino blanco.

Las que más nos gustan, no obstante, son las reducciones al absurdo. Escuché en la radio a una mujer que tenía un hijo autista. Intentaba, la pobre, que no se hiciera lo que yo acabo de hacer: decir que alguien es autista en vez de decir que tiene autismo. Si es autista, en el cine solo podrá de hacer de autista como los negros, en los altercados con la poli, hacen de muertos. Las etiquetas reducen y reducen precisamente al absurdo. Pero parece que no podemos vivir sin ellas ni sin los alfileres con los que clavamos al insecto disecado en el corcho. Clasificar nos chifla, nos proporciona tranquilidad, nos confirma en nuestras convicciones. En nuestras convicciones de mierda.

-Señora, no sufra, solo matamos a los negros.

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