Con otra cara

Al volante ¿de qué?

02.10.2017 | 05:00

Si no echan marcha atrás, en unos meses las mujeres podrán conducir en Arabia Saudí, una reivindicación de décadas que por fin ha aprobado esta semana el rey Salman bin Abdelaziz. Parece un tema menor, pero las mujeres saudíes lo han celebrado como un gran avance después de haber tenido que escuchar todo tipo de chorradas del clero radical del país, como que la prohibición de que las mujeres conduzcan «busca evitar su interacción con varones que no son sus maridos»; que así se evita el peligro de que «las mujeres sean violadas en caso de avería»; que conducir «tiene un impacto psicológico negativo en la mujer y además afecta a sus ovarios»; y que «hay estudios que demuestran que las que conducen tienen hijos con taras clínicas».

Si no fuera tan penoso, daría para estallar en carcajadas, pero es que las saudíes siguen sin poder salir a la calle solas ni siquiera para ir al médico, viajar sin permiso de sus maridos o de sus tutores legales, abrir una cuenta bancaria sin su autorización, probarse la ropa durante las compras o practicar deporte en público, así que, pocas risas. Tampoco pueden casarse con un no musulmán, el hombre tiene derecho a pegar a su mujer, el testimonio de las mujeres en un juicio vale la mitad que el de los hombres, las hijas reciben la mitad de la herencia que sus hermanos varones y ni siquiera tienen derecho a entrar en los cementerios a llorar a sus muertos.

Lo de tener que ir tapadas y con velo se da por hecho, y sólo pueden ir a las playas si son exclusivamente para mujeres. Sin embargo, oía el otro día en la radio a una saudí mostrar su alegría por ese permiso para conducir al considerar que es un avance y que puede abrir la puerta a otros derechos de las mujeres. El problema es que una, desde esta España que, pese a sus defectos, garantiza la libertad y la igualdad al menos sobre el papel, no puede sino preguntarse si en algunas sociedades se avanza o se retrocede. Estos días estoy viendo la serie El cuento de la criada basada en el libro de Margaret Atwood que describe la opresión a la que se ven sometidas las mujeres en un régimen totalitario de extremismo religioso.

La historia se ambienta en unos Estados Unidos supervivientes de una guerra en los que la esterilidad hace que las pocas mujeres fértiles que quedan se limiten a ser incubadoras de bebés para la clase dominante. Ciencia ficción en nuestra civilización occidental pero no tan alejada de la realidad para millones de mujeres en el mundo que, como las criadas de la serie, ven como sus abuelas disfrutaron de una libertad que a ellas se les niega. Ojalá el permiso de conducir signifique un paso hacia el progreso, pero no sé yo.

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