Perdidos y encontrados

Caer en la trampa

Puigdemont sólo escenificó su particular DUI frente a la Cataluña más independentista, su Declaración Unilateral de Impotencia

12.10.2017 | 05:00
Puigdemont, este martes.

El café humeaba. Al cielo azul sobre la plaza de Uncibay en Málaga no parecía importarle. «Si millones de personas dicen que se declaró la independencia es que se declaró». Pues no. La discusión, probablemente, reproducía las mismas controversias en miles de desayunos compartidos en las calles de toda España.

Pues no se declaró y, por ende, tampoco se suspendió. Aunque publicaran lo contrario periodistas (quizá según los intereses particulares de algún grupo mediático en todo este delicado y peligroso embrollo) que incluso entrecomillaron las frases de Puigdemont de manera sorprendentemente distinta. Pero éste dijo lo que dijo e hizo lo que hizo. Y la proclamación de la Independencia como president de Cataluña ni la dijo ni la hizo. Aunque lo que hizo pero no hizo y lo que dijo pero no dijo pase a la Historia de la Confusión. O de la Infamia de Borges, para los más viscerales. Pero no es visceralidad lo que necesitamos sino más bien todo lo contrario.

Puigdemont sólo escenificó su particular DUI frente a la Cataluña más independentista, su Declaración Unilateral de Impotencia: «Y como president de la Generalidad asumo en presentarles los resultados delante de todos ustedes y de todos nuestros ciudadanos el mandato del pueblo que Cataluña se convierta en un estado independiente en forma de República€ y con la misma solemnidad el Govern y yo proponemos que el Parlament suspenda los efectos de la declaración de independencia para que en las primeras semanas emprendamos un diálogo sin el cual no es posible llegar a una solución acordada€» Había una vez un circo en el Parlament de Cataluña, pero a no todos alegraba siempre el corazón.

Puigdemont trajo al Parlament anteayer los resultados de su referéndum, que fue una frivolidad ilegal e insolvente, pero fue referéndum, por mucho que algunos desde el Gobierno central nieguen que se produjo, lo que se ha convertido innecesariamente en parte del problema. Al hacerlo, Puigdemont provocaba a Rajoy para que cayera en la trampa de responderle con la ´fuerza´ (las ´porras´ otra vez, en la mentalidad de una parte importante de Cataluña), aunque esa ´fuerza´ sea la de la legalidad del artículo 155 de la Constitución, que sigue siendo la Carta Magna vigente para todos, guste a todos o no. Y así debe ser hasta que, siguiendo los cauces democráticos, se reforme de nuevo, como ayer adelantó Pedro Sánchez, una de cal para el catalanismo.

Pero no cayó Rajoy en la trampa. Su breve discurso ayer tuvo la contundente escenificación de la comparecencia del Rey y una mayor brevedad. Quienes le calentaban la boca para que declarara con la ´fuerza´ no pudieron con su cachaza gallega. Pocas, hábiles y claras fueron sus ideas fuerza. Prudencia y seguridad contra riesgo y caos. Frente a la confusión yo soy las certezas, vino a decir. Y también, claro, que tomará medidas, pero cuando Puigdemont le responda que no volverá a acatar la seguridad jurídica española ni a favorecer así la convivencia entre catalanes. Buena jugada, pero el café no se enfría.

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