La madre del cordero

El silencio culpable de la iglesia catalana

¿Cómo es posible que la Iglesia discrimine entre catalanes dignos y no dignos?

12.10.2017 | 05:00

Se sabía que buena parte de la iglesia catalana, tan admirable en el pasado, era independentista. Lo que no nos podíamos imaginar es que la dinámica de odio que ha fracturado a los catalanes se ha venido gestando con el silencio cómplice de quienes tienen por sagrada misión predicar y vivir el amor al prójimo. Algunas de sus consecuencias las hemos visto en las imágenes de estos días.

¿Hasta qué punto ha llegado el acobardamiento o la complicidad de la Iglesia catalana –seguramente ambas explicaciones se complementan– cuando unos independentistas, realizaron el recuento de votos del simulacro de referéndum del 1-O al pie del altar de una iglesia durante la celebración eucarística? Admitamos la excusa de que lo hicieron allí para evitar que las fuerzas del orden se lo impidieran. Pero, ¿no había otro lugar en las dependencias parroquiales, incluso dentro de la misma iglesia para llevarlo a cabo? ¿Tenía que ser al pie del altar durante un oficio religioso? Alguien ha dicho que no se trataba de una eucaristía. No lo sé, pero es lo mismo. Había una celebración religiosa y no creo que fuera para santificar la votación, aunque ya no me extrañaría nada.

¿Se ha oído una mínima condena de alguna autoridad u organización eclesial catalana, o del resto de España, condenando ese escandaloso acto? Porque estoy seguro de que la inmensa mayoría de los católicos que vieron las imágenes se sintieron tan escandalizados como yo.

Siendo el independentismo tan amante de los símbolos, ¿tenían que profanar lo más sagrado para los católicos? Y la iglesia estaba llena. Si nadie se levantó para expresar su disconformidad con tan grosera manipulación caben dos opciones, ninguna de las cuales deja en buen lugar a los católicos que allí estaban. O les pareció normal que ocurriera aquello, o el grado de acobardamiento impuesto por los secesionistas es tal que han logrado silenciar la mínima discrepancia de opinión o de conciencia. Queda claro que fue algo deliberadamente buscado: la ´sacralización´ de un acto ilegal y el simultáneo desprecio a las creencias de los católicos. Realmente mi capacidad de asombro desborda todos los límites. Indagando un poco en la cuestión uno se entera de que el pasado mes de mayo hubo provocaciones sacrílegas con carteles de la Virgen de los Desamparados y la Moreneta. No les cuento la respuesta de las iglesias respectivas. Baste con señalarles que mientras una reaccionó la otra permaneció en silencio.

La verdad es que después de la desvergonzada manipulación del dolor de los familiares de las víctimas de los atentados en las Ramblas y Cambrils en la manifestación del 26 de agosto –¿quién se acuerda ya de ellos?–, o de inficionar el espíritu limpio de los niños en los colegios estimulando la segregación y el odio, se puede esperar cualquier vileza. También somos muchos los que teníamos la esperanza de, al menos, una declaración menos retórica y algo condenatoria de la situación actual en Cataluña por la conferencia episcopal, aunque soy consciente de las dificultades ´políticas´, pero nos ha decepcionado.

Menos mal que hay prelados como el arzobispo de Oviedo que llama a las cosas por su nombre: «Defender la secesión con mentiras, insidias, corrupción y violencia es inmoral y es pecado». «La independencia de Cataluña se basa en una calculada inmoralidad y una inaceptable ilegalidad», y ha calificado a los independentistas de «ladrones de guante blanco y corrupción evadida que acusan a España de robarles».

Quizá no sea el lenguaje que uno espera de un prelado, pero es evidente que llega un momento en que hay que hacer frente a la mentira con palabras nítidas que no puedan ser objeto de interpretaciones. Jesús nunca se arredró ante los fariseos para echarles en cara su hipocresía.

Han sido varias las notas del episcopado catalán hablando de legitimidad moral de todas las opciones políticas que se basen en el respeto a la dignidad de las personas y de los pueblos. Pero se les ha olvidado lo fundamental. La dignidad se ostenta respetando la ley y se pierde vulnerándola.

Aún más. Al margen de esa elemental verdad, ¿qué dignidad del pueblo catalán no se respeta? ¿Acaso impedir la vulneración de una ley justa aprobada por todos los españoles en 1978, incluidos los catalanes que lo hicieron además en mayor proporción que el resto de España, supone una indignidad? ¿Comparte la iglesia catalana la reiterada vulneración de la ley española e incluso de la propia legalidad de su autonomía por los independentistas y las autoridades de la Generalidad?

¿Acaso los que quieren seguir formando parte de España no son pueblo de Cataluña también? ¿Se respeta su dignidad? ¿Cómo es posible que la Iglesia discrimine entre catalanes dignos y no dignos? ¿Dónde enseña Jesús que le demos a Dios la moneda del César?

¿Cómo es posible que la iglesia catalana haya permanecido muda durante tantos años –todavía más en tiempos recientes–, ante la generación de odio por los independentistas contra quienes no piensan igual?

¿En qué seminario se ha formado el obispo de Solsona para decir el pasado 1-O un disparate de tal calibre como la necesidad de «despertar a todo el mundo y anunciarles que ha llegado el día de la libertad»? ¿Cómo se permite ofender de esa manera a parte de los catalanes y al resto de los españoles?

El obispo de Vic en otra nota reciente, por el contrario, ha pedido a los católicos de su diócesis ser artesanos de paz. «Este es tiempo de construir puentes hacia el otro, de estar cerca de la familia y amigos. No os alejéis de los que piensan diferente». Me temo que llega tarde. La fractura social en Cataluña ya es tremenda y se necesitará mucho tiempo para soldarla. Ojalá esas opiniones se hubieran oído con fuerza hace mucho tiempo.

Y termino. El dolor que el independentismo ha generado con la ruptura de la convivencia social y el daño al conjunto de la sociedad catalana me temo que no han hecho más que empezar. ¿Cuándo pedirá perdón la iglesia catalana por tanto silencio culpable?

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