Desde la distancia

La patria y la empresa

12.10.2017 | 22:24

El dinero no tiene patria, se dice. Una empresa de Málaga está sacando mucho partido del desafío secesionista catalán cosiendo, a una velocidad media de un millar al día, las banderas esteladas en las que se envuelven estos días los independentistas del ´España nos roba´. Estos mismos pueden verse tentados a considerar que no tienen patria o que son traidoras a ella (a la visión que tienen de la patria catalana) tantas compañías que están deslocalizando sus sedes sociales y fiscales a otras regiones para contener los riesgos de inseguridad jurídica y económica que conlleva el intento de desconectar a Cataluña del resto del país.

Depende de lo que se entienda por patriotismo. Si por tal se considera la defensa de los intereses generales de un pueblo, se podría hasta pensar que es más patriótica la decisión de los bancos catalanes y de otras enseñas empresariales de sacar sus sedes para proteger a sus clientes, sus accionistas y sus empleados (tantos de ellos catalanes) que el plan del Govern y sus socios ácratas de empujar a esos mismos y a muchos más hacia el abismo económico que se vislumbra al otro lado de una declaración de independencia.

La fuga defensiva ha sido la forma que han tenido decenas de empresas catalanas de señalar ese abismo, un mensaje para quien quiera escucharlo dentro del movimiento soberanista y que parece haber llegado a los dirigentes más moderados. Como el conseller de Empresa Santi Vila –a quien se señala como aspirante de esos moderados a la sucesión de Puigdemont–, que se había manifestado contrario a las «decisiones unilaterales» y que ha intentado actuar en las últimas horas de enlace de la Generalitat con la Moncloa. Como el exconseller Andreu Mas-Collel, autor tiempo atrás de las cuentas del ´España nos roba´ (los supuestos 18.000 millones anuales que pierde Cataluña, según la letanía del soberanismo), que al día siguiente del referéndum ilegal recomendó una «suspensión activa y temporal de la unilateralidad». Aunque retorcidas por el tacticismo, se intuye la influencia de esas posiciones en la tregua o trampa (se verá) que Puigdemont le ha ofrecido a Rajoy al suspender la independencia para dialogar.

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