La mirada femenina

Exilio interior y buenas costumbres

Algunos dicen estar dispuestos a renunciar al confort y a pasar hambre por la República Catalana. Pero las palabras se las lleva el viento. Cuando uno pasa hambre los sueños se vuelven borrosos

21.10.2017 | 22:00

Ahora que todo parece sobreactuado y más incierto de lo que en realidad ya es de por sí, muchos ciudadanos necesitan refugiarse en su interior para poder evadirse de las amenazas de tanto político irresponsable y así poder seguir con sus vidas en un mundo algo menos contaminado.

Sienten como si el suelo bajo sus pies se moviera y les cuesta hacer las cosas que más les gustan. Por ello es tan necesario encontrar un lugar de sosiego donde retomar las pequeñas metas de la vida.

Es cierto, todos estábamos muy bien acostumbrados. Cuarenta años de convivencia pacífica así lo avalan. Y ahora, tal vez por hastío, algunos pretenden romperlo todo.

Reconozco que da mucho vértigo pensar en cuales serán las acciones-reacciones de los más radicales. Los de la Cup transmiten a través de TV3 que pase lo que pase ellos seguirán instalados en la desobediencia y no puedo evitar sentir escalofríos.

La mayoría de ciudadanos es pacífica pero, y las minorías más extremas. ¿Serán capaces de controlarse?

Además, para muchos jóvenes aburridos que ya han devorado todos los capítulos de «Juego de tronos» y que están hastiados de la rutina de sus vidas confortables, la revolución es algo muy goloso. Decía la escritora británica Zadie Smith que «detrás de muchos radicalismos hay un narcisismo adolescente». Algunos aquí dicen estar dispuestos a renunciar al confort y a pasar hambre por la República Catalana. Pero las palabras se las lleva el viento. Cuando uno pasa hambre los sueños se vuelven borrosos y se desvanecen.

Por ello los ciudadanos que sólo pretenden vivir tranquilos no debemos perder las buenas costumbres, esos pequeños detalles que unen a todos los seres humanos por encima de sus ideologías. Es momento de hablar del tiempo, de hablar corto y con dulzura y no mostrarse vehemente ni enzarzarse en largas conversaciones que acaben en disputa.

Es momento de recuperar el silencio. Nos hemos olvidado del silencio. Se nos perdió entre manifestaciones, caceroladas y las televisiones de los vecinos sonando a todo trapo. A veces, también me pregunto si en realidad le importamos a alguien.

Esta semana presenciamos cómo Portugal, Galicia y Asturias ardían y todos nos lamentamos por la falta de prevención. El fuego desbocado no conoce compasión y trágicamente siempre nos pilla con los deberes a medio hacer. Una vez más es la gente desprotegida la que lo pierde todo. Los más débiles, ancianos y animales los que son el pasto fácil de las llamas. Cuando ruge la naturaleza los hombres tiemblan.

También esta semana una campaña contra el abuso se viralizó a través de distintas redes sociales. Cada vez son más las mujeres que denuncian el acoso. Como esa joven que se ha tomado la molestia de fotografiarse junto a cada uno de sus acosadores. Los muros de muchas mujeres se llenaban con el mensaje de me too (yo también). De esa manera confesaban al mundo que son miles las mujeres que hoy día siguen sin ser respetadas. Lo dicho, exilio interior y buenas costumbres, a ver si así vencemos un poco en el día a día.

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