Al azar

El pánico a la cárcel

01.11.2017 | 22:55

La independencia de Cataluña se esfuma con la salida de las empresas fundamentales de dicha región, gracias a una ley aprobada por la mañana para que se aplicara por la tarde. A continuación, el factor determinante en la implosión del movimiento independentista es el pánico a la cárcel. Puigdemont llevaba semanas sin pronunciar la palabra república cuando se procedió a su imaginaria sustanciación parlamentaria, al mismo tiempo que la UE vetaba el artículo 155 de Rajoy y le imponía unas elecciones autonómicas inmediatas que el PP no deseaba. El pasado viernes, Carme Forcadell leía llorosa y aterrorizada la supuesta proclamación republicana. Su mente estaba en una celda.

En la historia democrática de España, nunca los intelectuales de guardia habían exigido con tanta furia la cárcel contra políticos impecablemente votados, y que no habían cometido delitos de sangre o de corrupción. Ni siquiera Otegi, complaciente como mínimo con los atentados etarras, había concentrado una animadversión similar. Cataluña es diferente. En su querella bajo el encabezamiento «Más dura será la caída», un enunciado cerril que desautoriza los cien folios subsiguientes, la fiscalía no ha interpretado tanto la voluntad carcelaria del Gobierno como el ansia de retribución urgente de la inmensa tertulia española. Al otro lado, la huida de Puigdemont y el pánico de sus seguidores desmontan su romántica publicidad de un movimiento entre Gandhi, ­encarcelado trece veces­, y Hável, con cuatro años de prisión.

El pánico a la cárcel que gobierna la política española es una pasión compartida por los independentistas catalanes y por el PP. El Supremo acelera la condena al Parlament, mientras retrasa las sentencias a Urdangarin, Matas y Rato. No puede ser solo una coincidencia que los aullidos a favor del encierro de políticos democráticamente votados hayan servido para acallar el manifiesto simultáneo de la fiscal Sabadell en Gürtel, sobre la caja b del PP y la necesidad de encerrar a sus responsables. Con Rajoy de testigo en ambos casos.

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