Al azar

Rajoy: "La política no sirve para nada"

12.11.2017 | 00:37

La querella catalanófoba del fiscal general reprobado solo ha olvidado culpar al independentismo de infiltrar a Piqué en la selección para boicotear, por métodos violentos, el triunfo del fútbol español en el próximo Mundial. Los madridistas han goleado en el último encontronazo del Madrid-Barça, aunque se juega más suelto con los rivales encarcelados.

En cuanto a los árbitros, han perdido su crédito en la Audiencia Nacional. Se aproxima así el viejo sueño del PP, que anhela suprimir una instancia que ha castigado algunos de sus infinitos casos de corrupción. No puede olvidarse que Mariano Rajoy fue citado para declarar ante sus jueces en la Gürtel. Hoy, la sala de lo penal del tribunal madrileño empeora el forofismo de la jueza Lamela. Cuando cuatro magistrados, con el digno voto en contra de José Ricardo de Prada, se atreven a escribir que «no cabe escudarse en la literalidad de las palabras», algo se ha roto definitivamente en la justicia española. Máxime si se utiliza este desprecio hacia la expresión verbal para aplaudir el mantenimiento en prisión de Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, «al margen de las mayores o menores dificultades para que saliera la comitiva judicial».

Se suponía que la obstaculización de la salida de la guardia civil y los funcionarios judiciales, que registraban la conselleria de Economía, fundamentaba una prisión acordada antes incluso de iniciar la instrucción. Los hechos son ahora indiferentes, al igual que las palabras de los presos, que tampoco deben atenderse en su «literalidad». Es decir, se les encierra por lo que no dijeron literalmente.

Para que nadie se llame a engaño, los cuatro juzgadores sustentan su decisión en un «así lo dice el Consejo de Ministros», se supone que con literalidad. Y luego defienden que no es un caso político. Son los árbitros judiciales quienes deben explicar a los profanos cómo se entiende que, en el mismo auto de confirmación del encarcelamiento, el magistrado De Prada señale categóricamente que no hubo obstrucción a la comitiva judicial. Y agregue que «la sala no ha llevado a cabo la exigible labor de control jurisdiccional», amén de acusar a sus colegas de recurrir a «estereotipos». ¿Quién decide a qué magistrado hay que creer? Es probable que a las personas encarceladas no les consuma esta distinción bizantina. Un juez puede decretar cárcel, pero no es un carcelero.

Como de costumbre, Rajoy ha descargado su responsabilidad en otros, esta vez con toga. Se trata de una inhibición deliberada, que obliga al país entero a jugar los partidos al borde del abismo. Al respecto, no merece pasar desapercibida una entrevista efectuada por el semanario francés Le Nouvel Observateur a Matteo Renzi. A la pregunta «¿Qué hay que hacer en Cataluña?», el exprimer ministro italiano responde que «el problema de España es que sus dirigentes no hacen suficiente política».

A continuación, Renzi pone en boca del Gobierno una descripción que en España suena especialmente verosímil, y que después atribuye al presidente del ejecutivo. «Todo va bien, los indicadores económicos mejoran, el PIB progresa. Basta con ocuparse de la economía, la política no sirve para nada». Sin necesidad de evocar la semejanza con la famosa admonición de Franco que el líder del Partido Demócrata italiano debe desconocer, el entrevistado remata que «Rajoy se ha equivocado. La política también es necesaria, pero lo descubres demasiado tarde».

La amargura de Renzi se debe quizás a que recuerda el referéndum fallido que le impulsó a dimitir. Y efectúa una última revelación con formato de exclamación. «¡Nunca habíamos abordado el problema catalán a nivel europeo!». Sin que sirva de consuelo, Rajoy no solo oculta los problemas reales a los españoles. Por culpa de su despreocupación absoluta de una secesión que según la judicatura se venía incubando desde hace años, el líder del PP se ve obligado hoy a presidir Cataluña, donde no le han votado el 93 por ciento de los electores.

La cuota de españoles adultos que tampoco votaron a Rajoy se aproxima al ochenta por ciento, otro porcentaje que debería motivar alguna reflexión en quienes descalifican por minoritario a un independentismo apoyado solo por el 48 por ciento de los votos emitidos. Renzi acierta probablemente porque es más fácil encontrar soluciones para los dilemas ajenos. En todo caso, la cita que presenta como textual define a la perfección la era Rajoy. «La política no sirve para nada». Pues que gobiernen los jueces.

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