El Palique

Oda al bolardo

El bolardismo nos invade. Se trata de evitar acciones de terroristas o majarones. Claro que también es verdad que hacen compañía

16.11.2017 | 05:00
Oda al bolardo

El Ayuntamiento de Málaga ha colocado grandes pivotes de hormigón blanco, macetones o bolardos, según la zona, para proteger las calles principales y más concurridas. Bien. Se trata de evitar que un hijo de la gran pura arremeta con un coche y mate a alguien. Es lo que hace con asiduidad macabra y criminal el terrorismo islamista en grandes ciudades últimamente. Recuerden Londres, París o tantas otras. O nuestra querida Barcelona. Donde por cierto, Colau no pone bolardos porque se ve que sólo es voluble e indecisa cuando se trata de la independencia, no cuando se trata de tomar decisiones propias de un burro, que entonces es bastante decidida. Tampoco hay que olvidar que además de los terroristas están los majarones, especie muy extendida en nuestra ciudad como bien nos tiene dicho Alfonso Vázquez, que hasta les dedicó un glorioso e inolvidable libro.

Los majarones en su vertiente peligrosa, minoritaria pero existente, pueden tirarte un helado en la pechera cuando llevas una camisa nueva pero también pueden arramblar con todo lo que se ponga por delante porque les haya fallado una cita, se haya acabado el pan en su panadería favorita o se hayan sentido ofendidos por un chiste inocente que no han alcanzado a comprender. La cosa es que hay que protegerse. Es un fastidio pero conviene tener bolardos a mano y macetones y hasta la muralla china si hace falta. Con todo, el consejo más sensato es: hagan su vida. Que no nos la condicionen los fanáticos. Hay que ir a ver las luces, tomar vinos, comprar unos guantes, probarse una americana con coderas, merendar unos churros con el chavea, saludar a los conocidos y hasta desear feliz Navidad al prójimo. Yo además voy a tratar de no contarle las penas a nadie. Si las tuviera. Te encuentras a alguien por la calle, le cuentas tus penas y problemas y el tío va y se alegra. Es que se le ve en la cara. Pues no. Todo bien, todo bien, hay que decir con prontitud y gesto decidido, adobado con ademán de llegar tarde a una reunión.

-¿Y si es viernes por la noche?

-Da igual, los de Málaga tenemos reuniones a todas horas.

Reuniones que bien pueden ser en un bolardo. Un bolardo es un buen sitio para quedar. Te espero en el bolardo a las nueve. Nos vemos en el bolardo. Mira qué pedazo de chota hay en el bolardo. O choto. El bolardo no es bolardo porque tú lo veas, lo es por estar ahí plantado. Nadie puede negar la existencia a un bolardo. Los poetas se resisten a incluirlo en sus composiciones. Y es una pena. Bolardo rima mucho. Yo haría un soneto al bolardo. Urge un monumento al bolardo desconocido. Un himno al bolardo. Me llevaría un bolardo a mi casa pero temo una multa. Tal vez, adornado, quedaría mejor que un árbol de Navidad. Bolardo, bolardín. Un bolardo puede hacer mucha compañía. Vuelve el bolardo esta temporada. Se lleva mucho. Bolardo López sería un buen nombre de personaje. O Juan Bolardo. El bolardismo ilustrado. Bolardos para todos. Alcalde, ponme un bolardo. La bolardez nos invade. Bolardo voy, bolardo vengo, ¿dónde estaban antes todos esos bolardos? Mejor bolardos que volar uno.

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