El ruido y la furia

Hembra

Si finalmente sigues empeñada en que te violaron, si insistes en que no hubo consentimiento, habrá que comprobar si lo dijiste lo bastante alto y lo bastante en serio

16.11.2017 | 22:11

Haz lo que se espera de ti, que para eso naciste hembra. Si saliste de fiesta, si a una hora prudente no estabas en casa, si la falda era demasiado corta o el escote demasiado largo, si te reíste y si bailaste y si aceptaste una copa, ya sabes que todo tiene un precio, y el precio eras tú. No vengas luego con reclamaciones, no te quejes si en un portal oscuro tuviste que pagar, así han sido siempre las cosas y no vas a venir tú a cambiarlas. No digas luego que te han violado, que fuiste forzada a hacer lo que no querías, si lo venías pidiendo a gritos, no con tus palabras, claro, sino con esos gestos que ellos interpretaron sin lugar a error, sin la más mínima duda, porque ellos lo saben todo, saben incluso lo que más te conviene, lo que quieres que te den sin pedirlo, lo que quieres que te den incluso cuando dices ´no´, así que relájate y disfruta, verás como al final te gusta.

Y si finalmente sigues empeñada en que te violaron, en que tú no querías que te tocaran, que entraran en tu cuerpo uno tras otro como si tú fueses una cosa, una atracción más de la fiesta y estuvieses ahí para su uso y disfrute, si insistes en que hubo violencia, en que no hubo consentimiento, en que tú no querías, habrá que comprobar si lo dijiste lo bastante alto y lo bastante en serio. Y, además, apréstate a ingresar en un convento de clausura. No salgas a la calle, no sonrías, no entres en las redes sociales ni compartas aquel vídeo ñoño de gatitos o aquella canción tan cañera que te gusta tanto. Si de verdad te violaron tendrás que demostrarlo enterrándote en vida, renunciando para siempre al mundo, porque ya eres material defectuoso, mercancía dañada, y no tienes derecho más que al luto y al llanto. Y, cuando llegue el juicio, recuerda que será a ti, en realidad, a quien juzguen. Que serás mirada al microscopio y verán en todos tus actos, antes, durante y después, un tácito consentimiento. Que si no luchaste como una fiera (da igual que ellos fueran una manada) para defenderte, si no gritaste enloquecida, si no peleaste como una fiera, si no preferiste morir a la deshonra, quizás no merezcas justicia porque tal vez no eres lo bastante pura, y aquí estamos hablando de eso, de tu obligación de mantenerte pura a toda costa, porque, recuérdalo, no vuelvas a olvidarlo, naciste hembra.

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