Impresiones

El Pacífico amenaza

19.11.2017 | 22:45

Estos días la atención política del mundo se ha desplazado a la región de Asia-Pacífico donde se han celebrado dos reuniones importantes en Vietnam (Cumbre de la Asociación Asia-Pacífico, APEC) y en Filipinas (Cumbre de ASEAN) mientras Donald Trump le dedicaba una semana de su tiempo.

Una de las obsesiones del nuevo presidente norteamericano es hacer lo contrario que hacía Barack Obama, que diseñó una gran estrategia para esta región como centro económico del planeta pues concentra el 60% del PIB mundial. Esta estrategia se basaba en el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), una fuerte presencia naval y una defensa de la democracia y de los derechos humanos. Lo primero que ha hecho Trump ha sido retirarse del TPP y tratar de sustituirlo por una red de acuerdos bilaterales basados en la regla del America First donde los intereses de Washington se pueden imponer con mayor facilidad. Y aunque le hubieran sobrado motivos, no ha mencionado los derechos humanos en sus conversaciones de estos días con Xi y con Duterte.

Esta política que Richard Haas ha calificado de «retirada», (withdrawal policy), ha dejado un vacío muy peligroso en una región que Trump ha renunciado a liderar, donde abundan líderes nacionalistas como Xi, Putin, Modi, Duterte o Abe y alberga a siete de los diez ejércitos más poderosos del planeta. Y como la geopolítica es como la naturaleza y tiene horror al vacío, ya han surgido iniciativas para rellenarlo. La primera la ha lanzado el presidente chino, Xi Jinping, con su Alianza Económica Integradora Regional que deja fuera a los EEUU. Xi, que se presenta como el gran defensor de la globalización y de los acuerdos multilaterales frente al proteccionismo de Trump, completa su propuesta con la iniciativa de la Ruta de la Seda, una red de infraestructuras para unir a China con Europa y Asia Central y ha creado el Banco Asiático de Inversión para financiar estos proyectos. Xi quiere convertir a China en la potencia dominante en toda la región de Asia Pacifico.

Los demás países de la región ven con comprensible aprensión estas ambiciones chinas y por eso el primer ministro japonés, Shinzo Abe, ha recuperado el moribundo TPP y ha aprovechado la Cumbre de APEC en Vietnam para relanzarlo junto con otros diez países (Australia, Nueva Zelanda, Brunei, Malasia, Singapur, Vietnam, Chile, México, Perú, Canadá y Japón) bajo el nombre de Acuerdo Exhaustivo y Progresivo sobre el TPP, que ni es exhaustivo porque deja suspendidas muchas cláusulas del viejo tratado referidas a protección intelectual o regulación de inversiones, ni tampoco es progresivo porque no recoge la mejora de los derechos laborales o de sindicación que exigía el TPP de Obama. Pero aunque no cuente en sus filas con los EEUU, China o Rusia, este bloque puede ser importante porque reúne el 13,5% del PIB mundial, no lejos del 15% de la Unión Europea.

Ante estas iniciativas diplomático-comerciales, los EEUU han respondido con su visión de un «Indo-Pacífico libre y abierto», un proyecto todavía vago y basado en una red de acuerdos bilaterales que abarcaría desde Japón hasta la India, pero dejando fuera a China, y que no parece concitar excesivos entusiasmos hasta la fecha,
Asistimos así a una gran reconfiguración de toda el área Asia-Pacífico en torno a tres proyectos que lideran China (que excluye a los EEUU), los Estados Unidos (que excluye a China), y Japón (cuyo renovado TPP está abierto en potencia tanto a los EEUU como a China).

Pero por encima de las relaciones comerciales están las sombras que se ciernen sobre la región por el riesgo de una confrontación militar en torno a dos focos de tensión muy graves: las ambiciones nucleares de Corea del Norte y el expansionismo de Beijing por las aguas del Mar de China. De eso se ha hablado también en la Cumbre de ASEAN de Filipinas. La amenaza norcoreana, que ya ha cruzado el umbral nuclear, no tiene respuesta militar a pesar de que está forzando al rearme de Corea del Sur y de Japón, incluyendo la reforma de la Constitución pacifista que le fue impuesta al final de la Segunda Guerra Mundial. Solo la colaboración de China podría doblar el brazo de Kim Jong-un y China duda porque no quiere recibir a millones de norcoreanos muertos de hambre, ni tampoco quiere una frontera directa con una Corea reunificada y bajo influencia de Washington. Por otra parte, la construcción de islas artificiales es el procedimiento que usa Beijing para reclamar soberanía sobre aguas internacionales que también reclaman Filipinas, Malasia, Brunei o Vietnam, quedarse con los recursos de los fondos marinos ricos en minerales raros e impedir la libre navegación por rutas vitales para el comercio marítimo, algo que es contrario a derecho y que la comunidad internacional no puede permitir. A China le gustaría reemplazar el actual multilateralismo herido por un G-2 en el que repartirse el poder mundial con los EEUU y dejar a Europa y Rusia fuera de juego.

Tras su gira, Trump deja la clara impresión de que la agenda allí ya no la marcan los EEUU sino China. Y mientras el centro económico y político del mundo se desplaza hacia el Pacífico, «Europa se divide en países pequeños y otros que aún no se han dado cuenta de que lo son», como afirma Enrico Letta. ¡Cómo para andar perdiendo el tiempo con separatistas!

*Jorge Dezcállar es diplomático

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