360 grados

Glifosato

29.11.2017 | 23:09

Quédense con esta palabra: glifosato, el herbicida de la multinacional Monsanto cuyo empleo por cinco años más en los cultivos agrícolas acaba de aprobar por mayoría la Unión Europea.

La Organización Mundial de la Salud advirtió en 2015 de sus «probables» efectos cancerígenos, pero ya desde antes, el poderoso lobby de la industria agroquímica ha estado trabajando a pleno rendimiento para lograr la renovación del permiso.

Finalmente lo ha conseguido con lo que establece la Unión Europea para esos casos: su aprobación por un 55 por ciento de sus veintiocho miembros cuando representen el 65 por ciento del total de población.

Se opusieron a la renovación grandes potencias agrícolas como Francia e Italia, además de otros países más pequeños como Bélgica o Grecia. Se abstuvo Portugal.

Y ¿qué otros países importantes votaron a favor? Además de España y Polonia, ambos gobernados por partidos conservadores, un país que está ya casi fuera de la UE (el Reino Unido) y otro (Alemania), con un Gobierno en funciones.

Este último cambió además el sentido de su voto, pues en una ocasión anterior se había abstenido, para enorme irritación, esta vez, de los socialdemócratas, todavía miembros de la Gran Coalición y con los que la CDU/CSU de Angela Merkel trata de formar nuevo gobierno.

Los países que votaron a favor lo hicieron acogiéndose a los informes de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, que contradijeron al de la OMS al negar la toxicidad del herbicida.

Hay entablada una fuerte polémica sobre si esos informes se basaron a su vez, mediante un simple proceso de corta y pega, en estudios pagados por el propio fabricante, algo que la agencia europea niega.

Sea como fuere, tenga razón la OMS o, por el contrario, los expertos europeos, hay una pregunta obligada y es la de ¿qué se ha hecho del tan cacareado ´principio de precaución´ europeo?

Sobre todo cuando sabemos cómo han actuado también otras industrias – desde la farmacéutica hasta la tabaquera-, cuánto dinero han gastado y a cuántos científicos han pagado para convencer al mundo de la supuesta inocuidad de sus productos.

¿O es que, como sospechamos, el afán de lucro de una multinacional es más importante que la salud de las personas?

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