Tierra de nadie

Hemisferio cadáver

02.12.2017 | 19:59
Hemisferio cadáver

Los japoneses llaman «pierna de confianza» a aquella con la que comenzamos a subir las escaleras, por ejemplo, o con la que entramos en el ascensor, o con la que chutamos un penalti. La pierna de confianza es una especie de exploradora que se adelanta al resto del cuerpo para comprobar que no hay ningún peligro. Es la que introducimos primero en la piscina para ver si el agua está fría y en la que descansamos mayormente cuando hacemos cola frente al mostrador de facturación de una aerolínea. Por lo general, no somos conscientes de que tenemos una pierna de confianza, de ahí que la carguemos demasiado y que en ocasiones se queje. Si colocáramos dos básculas, una junto a la otra, y pusiéramos un pie en cada una, nos sorprendería descubrir que una mitad de nuestro cuerpo pesa más que la otra y que no es siempre la del hígado. Pesa más aquella a la que proporcionamos más trabajo.

La expresión «pierna de confianza» causa cierta extrañeza porque nos obliga, de súbito, a tomar conciencia de una parte de nuestro cuerpo. De modo, nos decimos, que esta es la pierna que me avisa de la existencia de un obstáculo cuando atravieso una habitación a oscuras.
Esta es la pierna con la que rocé el muslo de mi amada, en el cine, cuando salimos por primera vez. Era siempre esta pierna con la que caminaba a la pata coja, de pequeño, con la que me impulsaba para saltar.

Seguramente tenemos también un brazo de confianza, aunque no necesariamente pertenezca al mismo hemisferio que la pierna.
Pero a veces sí, a veces los dos miembros exploradores se encuentran en el mismo lado, lo que implica que una de nuestras mitades trabaja a destajo mientras que la otra haraganea todo el día.

Viene a ser como si en una naranja todo el zumo se acumulara en uno de sus polos. El otro se atrofiaría. Y eso es lo que les ocurre a algunos individuos, que tienen el lado izquierdo, o el derecho, según, disminuido. No es que se aprecie a primera vista, pero si uno se fijara bien en las personas que le salen al paso cada día, verificaría que algunas de ellas van tirando de uno de esos dos lados como de un peso muerto. Se puede morir de un hemisferio y continuar vivo con el otro. El hemisferio vivo, pobre, es el de confianza.

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