Sol y sombra

Lo impredecible está por llegar

03.12.2017 | 01:05

El político debe ser capaz de predecir lo que va a ocurrir mañana, el mes próximo y el año que viene, y de saber explicar después por qué no ha ocurrido. En cualquier caso, la predicción de un político tiene menos valor que su habilidad para escurrir el bulto. El periodista, sin embargo, jamás debe caer en la tentación de jugar a adivinar qué puede suceder en el futuro por inmediato que sea, de esa forma evitará pagar el precio de la ligereza retractándose. La política de mira estrecha se mueve por impulsos buscando el hueco por donde colarse, a salto de mata. En ella todo es cortoplacismo. Churchill tiene atribuida la sentencia de que un político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. ¿Pero qué clase de persona que se juega su presente dedica cinco minutos a pensar en el futuro de los demás? Ninguna. Por eso desconocemos qué va a ocurrir después de las elecciones catalanas del próximo día 21 de diciembre. Aunque nos anticiparan el resultado tampoco sabríamos con certeza en qué lo pueden convertir los candidatos. Ni los soberanistas, ni los constitucionalistas. En realidad ni siquiera está claro el papel de dos de los partidos que concurren tensando la cuerda de su ambigüedad de manera calculada, hasta el punto que si el electorado catalán, en vez de moverse en círculos ilusorios lo hiciera consciente de lo que no quiere, nunca se atrevería a votarlos. Después de lo ocurrido, lo que todavía estamos viendo y queda por ver, resulta impredecible adivinar cuánto se juega España en Cataluña en un mes de sorteos y en un terreno abonado a la frustración.

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