Impresiones

Relevo de tiranos

03.12.2017 | 22:33

Estos días dos países africanos han logrado desembarazarse de dos dictadores que han tiranizado a sus respectivos países durante más de 30 años. Me refiero a Mugabe y a Dos Santos, los únicos jefes de Estado que Zimbabue y Angola han conocido desde el triunfo de sus luchas de independencia. Se dice pronto.

Robert Mugabe, 93 años, era el líder más anciano del continente y ha sido presidente durante los últimos 37, en los que se esmeró con innegable eficacia por destruir el próspero país heredado de los colonizadores. En cierta ocasión dijo que «solo Dios me echará». Se equivocó porque le han echado los militares. La gota que colmó el vaso fue la destitución del vicepresidente Mnangagwa con intención de poner en su lugar a su esposa Grace, 40 años más joven, muy ambiciosa y apoyada por un sector minoritario del partido dominante ZANU-PF, pero odiada por los militares y el pueblo en general.

Emmerson Mnangagwa, conocido como el Cocodrilo por su carácter despiadado, dirigirá ahora un gobierno de transición hasta las elecciones del año próximo que nadie piensa que vayan a ser limpias. De esta forma se le da un aire de legalidad al golpe y se evita el rechazo de la Unión Africana y de la comunidad internacional. Pero que hayan sido hábiles en las formas no quiere decir que las cosas vayan a cambiar en Zimbabue, que vaya a mejorar la situación económica o que se ponga fin a la corrupción. Los militares no han derribado un régimen sino que han cambiado las caras pero mantienen en el poder a la vieja nomenclatura del partido, venal y corrupta hasta no poder más. Mnangagwa es un buen ejemplo pues está implicado personalmente en pucherazos electorales y en las duras represiones de 1980 y de 2008 que causaron miles de víctimas mortales. Nada hace pensar que vaya a ser menos corrupto que Mugabe o que pueda enderezar una economía lastrada por la mala gestión y por los bajos precios actuales de las materias primas. Más bien se concentrará en controlar el partido, reforzar el clientelismo tradicional y eliminar a los disidentes con vistas a ganar las elecciones del próximo año de la forma que sea, y a ello le ayudará la mala salud del líder opositor tradicional Tsvangirai. Es un crimen porque con las riquezas naturales que tiene, Zimbabue debería tener otro futuro. Pero las cosas son como son y tanto Sudáfrica como el Reino Unido, países con mucha influencia allí, parecen preferir estabilidad a reformas. El otro país con influencia es China y es mejor no preguntarle su opinión sobre los derechos humanos.

Y en Angola, otro país riquísimo, las cosas no van mejor a pesar de ser la tercera economía del continente, tener una renta per cápita de 6.800 dólares (elevada para África aunque la cifra sea engañosa por su mala distribución) y ser el mayor productor de petróleo al sur del Sáhara, por delante de Nigeria. En septiembre dimitió el presidente José Edoardo Dos Santos tras 38 años en el poder y le sucedió João Lourenço, otro veterano de la guerra de la independencia y miembro del hegemónico Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA), que no quería que la sucesión recayera en alguno de los hijos de Dos Santos, al que, sin embargo, se le ha permitido seguir como presidente del partido. Si en Zimbabue ha decidido el Ejército, en Angola lo ha hecho el partido. Todo cocido entre bastidores y entre los de siempre, al margen del pueblo pretendidamente soberano

En cuanto llegó al poder Lourenço se dio cuenta de que para dominar el país tenía que controlar el petróleo y de que para acabar con la corrupción (aunque lo diga solo de boquilla) tenía que poner coto a la rapiña existente. Y en ambos ámbitos se topó con familia de Mugabe. En solo 55 días destituyó a Isabel Dos Santos (la mujer más rica de África) de la presidencia de Sonangol, la gran empresa del petróleo, y a sus hermanos José Paulino y Weltwischia del control de dos cadenas de televisión. De la familia Dos Santos solo queda el hermano mayor, José Filomeno, que preside el Fondo Soberano de Angola que maneja 5.000 millones de dólares que no se sabe muy bien por dónde andan, y que acaba de tener el dudoso honor de aparecer en los Papeles Paraíso junto a Isabel II de Inglaterra. También ha cesado a los presidentes del Banco Central, la empresa estatal de diamantes y de los monopolios de cementos y telecomunicaciones, entre otros cargos nombrados por su predecesor. En sus puestos ha nombrado a viejos colegas del Partido. No hay caras nuevas.

Salvo que el viejo Dos Santos esté realmente muy débil no puede aceptar esta humillación y este despojo político y económico de sus retoños. Por eso hay quién piensa que todo ésto puede acabar mal, a menos que lo que vemos sea teatro para aparentar cambios que permitan que en el fondo todo siga igual. Los más optimistas creen que podemos asistir al comienzo de una larga perestroika a la angolana.

Mucho me temo que los nuevos dirigentes continuarán expoliando en beneficio propio y de sus allegados las enormes riquezas de Angola y de Zimbabue y que sus pueblos seguirán tan pobres como siempre.

Mugabe y Dos Santos no eran los únicos dictadores en África pues quedan otros como Nguesso, Afwerki, Biya, Kagame, Habré u Obiang. Quiero creer que por lo menos un escalofrío habrá recorrido estos días sus curtidas espaldas.

*Jorge Dezcállar es diplomático

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