Inventario de perplejidades

Como un guión de Boadella

04.12.2017 | 21:23

En Girona (ciudad de la que fue alcalde durante cinco años el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont) se viene celebrando un festival de teatro de la vanguardia más vanguardista y experimental. Tanto que, una de las obras presentadas da comienzo en esta edición pero habrá que esperar a la del próximo año porque una de las actrices va a someterse a un proceso de inseminación artificial y si este va adelante llegará al estreno felizmente embarazada, lo que dará más realismo a la representación sin tener que recurrir a una barriga de guardarropía. Y todo eso si se consigue que el festival sobreviva a un requerimiento de la Agencia Tributaria española que reclama a los organizadores la devolución de 1.400.000 euros por el IVA de las subvenciones recibidas. Una reclamación que, al estar la Generalitat intervenida por el gobierno del Estado, muchos consideran que es una muestra más de la odiosa represión centralista contra el ´procés´. Por si la malicia atribuida al departamento que dirige Montoro fuera cierta, la dirección del festival, previo acuerdo con trabajadores y participantes, acordó reservar un asiento para cada uno de los dirigentes soberanistas que se encuentran en prisión provisional a la espera de lo que decida el juez del Tribunal Supremo que instruye la causa por varios supuestos delitos. Desconozco en que medida el Ayuntamiento de Girona, cuando lo presidía Puigdemont, dio apoyo económico a la celebración del festival, pero no me cabe duda alguna de su afición al el teatro. De hecho, la mayor parte de su actuación política, a partir de que sorpresivamente tomó el relevo de Artur Mas, es puro teatro. Desde las dos declaraciones de independencia que al parecer no lo eran hasta su fuga a Bélgica en supuesta calidad de refugiado político. Y todo eso en espera de su regreso a España, otra vez como candidato a la presidencia de la que fue desposeído, para dar un golpe de efecto espectacular en el momento cumbre de la campaña electoral, si su bien retribuido abogado belga es capaz de ajustar a conveniencia los plazos de cumplimento de la orden de búsqueda y captura. Decía Vittorio Gassman, que fue un soberbio actor y director de cine y teatro, que actor es «alguien que por profesión, elección, naturaleza, función, o lo que sea, miente continuamente. Es una mentira muy especial, se entiende, muy compleja que aspira a la revelación de la verdad, pero una verdad que sin duda no es la ya conocida». Y remata el genial interprete de tantas buenas películas: «Es como la creación de una realidad en segundo plano, de una verdad paralela». A Gassman, que falleció en el año 2000, no le dio tiempo a ver al histriónico señor Trump en la presidencia de los Estados Unidos, ni al señor Puigdemont, en la de la Generalitat, ni tampoco participar en los debates sobre lo que es la posverdad que él anticipó. Pero seguramente hubiera incluido a los dos en su catálogo de malos actores, a fuer de mentirosos compulsivos. Todo el proceso del independentismo catalán parece una obra bufa escrita y dirigida por Albert Boadella. Creímos que, con su retrato satírico de Jordi Pujol, el repertorio de personajes grotescos se habría acabado pero han surgido otros nuevos. Y son legión.

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