Entre el sol y la sal

Se acaba el tiempo

03.01.2018 | 05:00
2017, el año en que nos dejó Chiquito

Imaginad que el 6 de enero, día de Reyes, vais a morir. Sí, se os aparece un duendecillo agorero y coñón para anunciaros que dentro de tres lunas, cuando el reloj alcance las doce de la noche, pasareis a mejor vida. Algo parecido ha debido pasarle a Las Campos, que han decidido dejar su huella entre el penoso ridículo y el lastimero exhibicionismo, tirando por la borda de la Quinta Avenida el presente y el pasado a golpe de visón ante la certera inexistencia de un futuro, pero volvamos a lo importante. Pensar que palmarás en 72 horas es lo más parecido al examen de conciencia que requiere todo fin y principio de año. Borrón y cuenta nueva. A otra cosa mariposa. Que te den, 2017.

Mi mujer me ha propuesto hacer una lista con tres buenas intenciones para 2018. Supongo que no me ve capaz de cinco, o de siete, y no le falta razón, ya llevo dos días atascado en la tercera. La primera es adelgazar, la segunda dejar de fumar. Hasta ahí vamos bien, pero llega la última y me debato entre presentarme a Masterchef o escribir un libro. Siempre he pensado que escribiré la mejor novela que nadie haya leído, una que bata todos los récords, que cambie la humanidad, una mezcla entre la Biblia y El club de los cinco. Todo misterio, aventuras, intriga, pasión e Historia, quién podría resistirse a su lectura, aunque bien pensado la otra opción no está mal del todo. Pasarme tres meses entre alginatos y encurtidos, purés y esferificaciones, eliminando enemigos del plato combinado y pasando ronda tras ronda para llegar a conocer a uno de los hermanos Roca. Espero que no me toque el repostero, el joven, por una simple razón. Me inquieta, me incomoda alguien capaz de fumar en la ducha.

2017 se nos ha ido, ya no volverá, por suerte para muchos. Este ha sido el año en que nos dejó Chiquito, se resolvió la desaparición de Diana Quer, Cataluña tensó la cuerda de la democracia, John Nieve apagó el fuego a la rubia de los dragones, Donald Trump se convirtió en el hombre más poderoso del mundo, Daesh sembró el pánico por doquier, Cristina Pedroche pidió respeto para las mujeres exhibiendo toda su dignidad, La La Land arrasó en los Oscar, los huracanes y los terremotos jugaron a los bolos con cientos de cuerpos humanos, los refugiados y migrantes desangraron la dignidad del S. XXI, Paco de la Torre ocultó su deseo de presentarse a las municipales, cada crimen machista avergonzó a una sociedad supuestamente avanzada, la siesta casi mata al baloncesto, la condena a Urdangarin tambaleó a la monarquía, Miguel Blesa se ajustició sin juicio, la lluvia inundó y secó la provincia, Pablo Ráez nos regaló su ejemplo como legado de vida, Antonio Banderas apostó por todo menos por arrodillarse ante los populistas, Mariano Rajoy nos deseó un feliz 2016, el zumbado norcoreano amagó por enésima vez con matarnos a todos, el brexit se hizo carne y se anunció ante nosotros, y alguien dijo que en este país no cabe un tonto más y Puigdemont se lo tomó al pie de la letra. Qué bonito el 2017.

En fin. Queda claro que no tengo el don de Jose María de Loma para pergeñar un listado de cosas por estrenar en 2018. Dudo incluso que tenga algún otro don de los que adornan a De Loma. Llegado a esta conclusión no me queda más que pedirle a mi madre su libro de recetas y combatir mi fobia por la gente narizona, que digo yo que tampoco serán tan malas personas. Bien visto, presentarse a Masterchef no es un propósito tan descabellado. Quién sabe. Puede que, si no me funciona, escriba una novela sobre el arte de cómo afrontar un nuevo año sin morir en el intento. Si tengo alguna duda llamaré a Terelu. Fijo que me forro, aunque el amor propio se me queme en el horno.

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