13 de enero de 2018
13.01.2018
Soserías

El año de la peste digital

12.01.2018 | 20:34

Tres de cada cuatro maestros en EE UU constatan que la capacidad de sus alumnos para concentrarse en una tarea ha disminuido por la distracción constante que causan los teléfonos móviles. La capacidad de ser empáticos –ponerse en el lugar del otro, evitar la crueldad– se desploma entre los menores estadounidenses. Aquellos adolescentes que pasan cinco horas o más al día con sus dispositivos electrónicos tienen un 71% más de probabilidades de suicidarse que los que pasan menos de una hora contactados. Estos datos revelan cómo las nuevas tecnologías están empezando a dañar al hombre y figuran en la carta que importantes accionistas de Apple –Jana Partners LLC y la Asociación de Profesores Estatales Jubilados de California (Calstrs)– han enviado a la compañía pidiéndole que tome medidas para frenar la adicción y el deterioro en la salud mental que los iPhones y iPads están creando entre los niños del país. El año 2018 puede ser, probablemente, en el que despertemos del sueño feliz de las nuevas tecnologías y descubramos hasta qué punto acentúan nuestra crueldad, potencian el pensamiento radical, acaban con nuestra memoria, creatividad y privacidad y transforman la sociedad en una comunidad de solitarios tristes falsamente conectados. Y todo eso sin hablar de cómo las grandes plataformas tecnológicas, armadas con potentes algoritmos y cargadas con los datos privados que los usuarios les regalamos, nos manipulan psicológicamente para mantenernos siempre on-line y vendernos objetos, candidatos políticos e ideas.

Cada día son más las voces que alertan contra la peste digital del siglo XXI y muchas provienen de ex altos ejecutivos de Facebook, Google o Apple. Es una especie de "#MeToo" tecnológico: yo también contribuí a tejer esta red de hipnosis y destrucción global. Yo también, se confiesa Sean Parker, expresidente de Facebook, quien afirma que Facebook está diseñada para que segreguemos dopamina y nos enganchemos y así "explotar una vulnerabilidad en la psicología humana". Chamath Palihapitiya, expresidente de crecimiento de usuarios de la misma red social, dijo: "Siento una gran culpa. Los lazos de retroalimentación a corto plazo impulsados por la dopamina que hemos creado están destruyendo la forma en que funciona la sociedad. Están erosionando las bases fundamentales de cómo se comportan las personas". El asunto va calando. Maya Kosoff, en "Vanity Fair", cuenta cómo los legisladores del Capitolio estadounidense, a través del senador Mark Warner, organizaron en noviembre una sesión informativa "inimaginable hace años". En la invitación al evento se decía: "Basándose en la investigación de la psicología conductual, muchas plataformas tecnológicas condicionan activamente el comportamiento del usuario, diseñando y refinando productos para crear intencionadamente hábito". Habrá que ver en qué termina el asunto y cómo se limita a los gigantes tecnológicos planetarios que manejan tantos millones y almas.

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