13 de enero de 2018
13.01.2018
Tierra de nadie

Oficinistas

12.01.2018 | 22:52

El hecho de que tres médicos certificaran sucesivamente la muerte de un preso de Villabona que en realidad estaba vivo, además de ponernos los pelos de punta, nos hace dudar de todo. Hay casas en las que por desidia deja de funcionar el lavavajillas y luego la nevera y más tarde la tostadora, hasta llegar a un punto en el que no funciona nada. Cuando no funciona nada, los miembros de la familia se echan las culpas unos a otros y el asunto acaba como el rosario de la aurora (acabara como acabara este rosario). Cuando en un país dejan de funcionar las máquinas Equitanieves y los jueces levantan cadáveres que no lo son, mal asunto. Solo esperamos que los médicos implicados no le echen la culpa al usuario.

-Que no se hubiera puesto azul –podrían decir, del mismo modo que las autoridades de tráfico reprocharon a los usuarios de la AP-6 salir de viaje.

Es cierto, el supuesto cadáver había amanecido cianótico en su celda de la prisión asturiana. Tal vez los protocolos relacionen esa coloración con el fallecimiento, no tenemos ni idea. Pero lo cierto es que estamos hasta la coronilla de los protocolos. De hecho, todo el mundo, cuando sucede una catástrofe, ha cumplido con los protocolos, excepto la catástrofe, claro, que se ha comportado de un modo salvaje. ¿A quién se le ocurre nevar de ese modo tan poco formal? ¿A quién, ponerse azul en la cárcel?

Nos empiezan a ocurrir cosas que no sucedían desde la Edad Media, sin exagerar. Exagerando, desde la Prehistoria. Los relatos de gente enterrada viva ya no nos impresionaban porque sabíamos que eso, en la actualidad, resultaba imposible. Resultaba imposible hasta hace cuatro días. Al muerto de Villabona no llegaron a enterrarlo, pero estaban a punto de practicarle la autopsia cuando empezó a toser. Si el forense hubiera seguido los protocolos, lo habría abierto en canal, puesto que tenía delante el certificado de defunción. Por cierto, ¿será preciso ahora expedirle un certificado de nacimiento que anule el anterior? Hay una cosa que no falla cuando todo se va al garete: la burocracia. En la Rusia empobrecida del Telón de Acero solo había oficinistas. Y trámites, muchos trámites. Pero te enterraban vivo.

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