15 de abril de 2018
15.04.2018
De buena tinta

Termodinámica institucional

15.04.2018 | 23:41

No me cabe duda alguna de que ustedes compartirán conmigo la idea de que es más importante la obra o la proeza realizada que la identidad del presunto autor o héroe que la crea o la ejecuta. Esto se pone de manifiesto, verbigracia y entre otros muchos supuestos, en las manifestaciones y creaciones artísticas de toda índole. De hecho, la identidad sin obra, sin hazaña, sin creación, no da lugar a nada. Jamás se encontrarán con una estatua cuya placa conmemorativa rece: «En homenaje a Pepe, porque sí, no sabemos lo que hizo». Sin embargo, no es discutible que Holmes es más famoso que Doyle, Drácula más que Stoker y Luke Skywalker más que Mark Hamill. Ese gusto por el resultado se pone de manifiesto igualmente y con cierto ímpetu en el mundillo del cine. Concretamente, en la inaugural del Festival de Cine de Málaga, los corrillos de asistentes que se arremolinaban entre sí, minutos antes del inicio de la película Las leyes de la Termodinámica, eran clara concreción de lo que les digo. Una gran mayoría no conocía el nombre de todos los actores que deambulaban por allí, pero sí que los identificaban con los personajes de sus papeles. Así, fueron más los que saludaron a Toni Alcántara y a la Rizos que a Pablo Rivero y a Berta Vázquez, por ejemplo. Y algo similar ocurre con los políticos ya que, aunque sus nombres puedan resultar, o no, más notorios o conocidos, las referencias que de su asistencia a los actos reciben van dirigidas al cargo y no a la persona. Es por eso que, del mismo modo, la gran mayoría de los presentes vieron acomodarse en el palco al ministro, a la presidenta y al alcalde. Pocos se refirieron a Íñigo, Susana y Paco. Pero la cosa es que, a pesar de estas metonimias cinematográficas e institucionales, los protocolos explicativos de la película de Mateo Gil, un documental con actores que pretende aplicar las Leyes de la Termodinámica al bullir de las relaciones humanas, tuvieron a bien manifestarse y evolucionar en aquel palco de tres. Desde platea, Susana parecía seria. Es lógico. Era tarde, la escoltaban, a izquierda y derecha, dos cargos de signo contrario al suyo y, además, no sólo se encontraba fuera de Triana, hábitat natural, sino que pisaba los territorios de la provincia que pisa los talones al protagonismo hispalense. Antes de que llegara Paco, que fue el último en incorporarse al trío, las Leyes de la Termodinámica comenzaron a actuar entre Íñigo y Susana. La energía interna de un sistema, como saben, cambia a medida que el calor fluye hacia su interior o hacia el exterior. Susana, ya les digo, andaba mustia, poco expresiva. Al menos eso es lo que se percibía desde abajo. Íñigo, por el contrario, parecía mucho más suelto, transmitía ese calor. Hablamos de un ministro que anda por Málaga como Pedro por su casa y que no hace tanto que entonaba sin reparo "Soy el novio de la Muerte" en el traslado de Mena. Ese sutil desparpajo, esa cadencia y mesura de las formas y esa conversación elegantemente distendida que, como un vector de fuerzas, dirigía el ministro contra el enconado sistema de la presidenta comenzaban a provocar variantes anímicas positivas en la aparente cerrazón de su animosidad. Y ello es así, como sin duda ya habrán deducido, porque el aumento de la energía interna de un sistema cerrado es igual al calor suministrado a dicho sistema menos el trabajo por él desarrollado. El alcalde se presentó algo más tarde para aportar el concepto entropía. Paco vino a facilitar con su presencia un nuevo y patente incremento de la temperatura del sistema que, visiblemente, provocó una nueva alza o subida de la energía interna del factor Susana. Así, ese evidente bloqueo de la presidenta fue quebrando porque, como habrán leído y experimentado mil veces, la entropía es una función de estado de carácter extensivo y crece en el transcurso de un proceso que se da de forma natural. Es por eso que, en definitiva, ya ven, estamos atados. La Termodinámica rige nuestros actos y nuestras decisiones. No se esfuercen demasiado, no tiene sentido luchar contra el Universo. Y no se pierdan la película. Por cierto, no hace falta estudiar Física para poder disfrutarla.

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