La crónica

Cuatro gotas no quitan la ilusión

Málaga vivió un Domingo de Ramos pleno, desde la mañana hasta la madrugada, con dosis de gran intensidad

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El Cristo de la Esperanza en Su Gran Amor atraviesa el puente de la Aurora para cruzar de la Trinidad al Centro.
El Cristo de la Esperanza en Su Gran Amor atraviesa el puente de la Aurora para cruzar de la Trinidad al Centro.  Gregorio Torres

M. Ferrary / I.A. Castillo / J.A. Sau Domingo de Ramos de mirar al cielo. Y al final, el tiempo dio la razón a los cofrades. Sólo cayeron cuatro gotas, que ni siquiera llegaron a inquietar, aunque sirvieron para aumentar la intensidad de la jornada inaugural de la Semana Santa de 2012. Al final, todas las cofradías pudieron completar sus estaciones de penitencia.

El cielo optó por cubrirse de gris, intenso por momentos. La verdad es que a las cinco de la tarde estaba feo. Ya estaban dos en la calle y tres estaban a punto de plantar la cruz guía. Con prudencia, sin temeridad, finalmente se adoptó la mejor decisión. La acertada: «Salimos».


Huerto | Inquietud pasajera
El Huerto vivió momentos de tensión y duda en los primeros compases de su salida procesional. Una nube, la nube, dejó caer unas gotas que intranquilizaron a público y el cortejo. Al final fueron eso, unas gotas que no restaron fuste a una cofradía de sabor añejo a la que no acompaña el entorno.

La Banda de Jesús Nazareno de Almogía abría el cortejo con la marcha Madre mientras los nazarenos de blanco y morado abrían el camino al Señor entre el gentío. Gusto barroco en esta imagen, impecablemente vestida, con un gusto exquisito y mimo. Las campanas de la Humillación y los Dolores del Puente repiquetearon con alegría para recibir al trono. La Banda de Música de la Vera+Cruz de Almogía interpretó Corpus Christi en el pasillo Guimbarda con elegancia.

La Virgen de la Concepción, con un destacado exorno de rosas y orquídeas blancas se recreaba a paso corto con Coronación de la Macarena, interpretado por la Banda de la Expiración. Al llegar a Santo Domingo se tocó Reina del Mar y una escuadra de la Legión le rindió honores.


Salutación | De acierto y coraje
El buen hacer de una cofradía también se calibra merced a las decisiones que tome en relación con su desfile. Y, por primera vez, la hermandad de la Salutación decidió que quería tras el Señor a la agrupación musical San Lorenzo Mártir, un acierto, sin duda, del que ayer no se arrepintieron los hermanos de la corporación de San Felipe porque la magnífica mecida del trono adquirió tintes poéticos al inicio de la procesión y durante la mayor parte del recorrido.

El murmullo se apagó poco a poco, a medida que la banda de cornetas y tambores de la Redención (Arroyo de la Miel) se hacía a la calle. Detrás, un reguero de capirotes blancos se fundían con el incienso que se respiraba en el ambiente. El momento estelar se vivió con la siempre difícil maniobra de salida desde el interior de la remozada parroquia. Las voces de mayordomo y capataces fueron esenciales para guiar hasta un buen fin a los hombres de trono; como siempre, hubieron de salir los portadores de los varales exteriores. La cruz roza el dintel mientras suenan los sones del Himno Nacional. Una vez en la calle, cantan dos sopranos.

Poco después, ya en una abarrotadísima calle Parras, que minutos antes ve encerrarse a la Pollinica, el cortejo adquiere más solemnidad. La agrupación musical interpreta Santa Faz, una marcha compuesta por Salvador Quero para el Nazareno. Ya a las puertas de la Pollinica, mecida limpia con Pescador de hombres. Lágrimas y aplausos a partes iguales. Se da la circunstancia de que este año no ha podido salir como hombre de trono Andrés López Jurado, vocal de la junta de gobierno que sufrió un esguince en la noche del Sábado de Pasión, mientras ultimaba los detalles del desfile junto a sus compañeros. Pese a ello, siguió al trono durante el recorrido incluso con muletas. Un detalle de coraje.


Salud | Haciendo barrio
La Salud volvió a ser ayer la avanzadilla trinitaria de la Semana Santa. Por eso, consciente de lo que significa este apellido, por carisma, quiso callejear por el barrio. Poco, pero algo. Por Zamorano y Tiro, dos de las calles de pedigrí. En el momento de la salida, el cielo estaba gris. Y chispeaba. Pero no dejaron de ser cuatro gotas insignificantes que, por supuesto, no iban a amilanar los ánimos de los hermanos de esta corporación, que presentaba, como principal estreno, el dorado de la trasera del trono del Crucificado.

El Cristo de la Esperanza en su Gran Amor, sobre monte de claveles cardenal y detalles de siemprevivas moradas, caminaba como suele hacerlo, a los sones de la agrupación musical de la Vera+Cruz de Campillos, que ayer hizo doblete. La Saeta fue la primera marcha para abandonar San Pablo.

La Virgen de la Salud, por su parte, no parecía ir en trono, sino en una cuna de plata con dosel burdeos. Sus portadores, de rostro anónimo, eran sus niñeros. Rosas y gladiolos para una mecida inapreciable y cadenciosa. Y marchas que servían de nana por calle Tiro, como Callejuela de la O o Encarnación Coronada, entonadas por la magnífica banda de la Paz, que atacó Coronación, de Marvizón, para entrar en el puente de la Aurora en una maniobra perfecta.


Prendimiento | Fervor en El Ejido
La calle San Millán, en el Ejido, presenta pocos claros poco antes de que el Prendimiento se eche a la calle. Las puertas de la casa hermandad están abiertas, las candelerías encendidas. Hay gotas furtivas que caen del cielo, pero nada empaña la salida de esta cofradía. Los nazarenos del Señor, que ve cómo Judas lo besa inmisericordemente para precipitar su posterior Pasión y Muerte, se alinean poco a poco en la calle, muy concurrida, por cierto. La Virgen del Gran Perdón ve alejarse a su hijo, mientras la banda de Zamarrilla interpreta Prendimiento. Antes, en la cabeza de procesión, la centenaria Banda de Cornetas y Tambores de Bomberos rompe el silencio con Cristo del Amor.

La Banda de Música del Rincón de la Victoria acompaña a la Virgen. Cuando el Señor y la Madre se ponen en paralelo en San Millán, la banda interpreta La malagueña del Gran Perdón y, seguidamente, Macarena. La mecida acompasada de ambos tronos, la atronadora música y las lágrimas de algunas devotas que se arraciman en torno al cortejo conforman una estampa única que, pese a repetirse cada Domingo de Ramos, siempre tiene detalles distintos. Sólo algunas gotas dieron el susto. Por poco tiempo.

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