26 de marzo de 2018
26.03.2018
Iconografía

Los ángeles salvados del fuego

Los cuatro ángeles que acompañan al Cristo de los Gitanos son los únicos supervivientes de la talla original de Francisco de Paula Gómez Valdivieso, destruida en el incendio de la iglesia de la Merced de mayo del 31

26.03.2018 | 05:00
Detalle de Nuestro Padre Jesús de la Columna, en la procesión del Lunes Santo, acompañado por ángeles originales de la imagen anterior, destruida en mayo del 31.

Fueron realizados en 1799 y están incorporados a la talla actual del Cristo de Juan Vargas - La presencia de ángeles en los tronos era un rasgo clásico de la Semana Santa de Andalucía Oriental y de Málaga en particular

Los ángeles al pie del Cristo de los Gitanos tienen una gran importancia «desde el punto de vista histórico, artístico y patrimonial, e incluso sentimental», considera Juan Antonio Sánchez López, catedrático de Historia de Arte de la Universidad de Málaga.

El motivo: «Son de las pocas piezas que sobreviven a la destrucción sistemática de la parroquia de la Merced, donde estaba erigida la cofradía y donde de hecho se funda».

La talla de Nuestro Padre Jesús de la Columna siempre se ha atribuido a Francisco de Paula Gómez Valdivieso, quien ganó un concurso para realizar la imagen del Señor, que la llevó a cabo en 1799. Al respecto siempre se ha afirmado que se presentaron los escultores Mateo Gutiérrez y Francisco de Paula Gómez Valdivieso. Fue este último el elegido en el cabildo de hermanos celebrado el 2 de febrero de ese año y se concertó el trabajo en 1.400 reales de vellón.

Por otro lado, la talla actual, con los ángeles del XVIII, marca un puente entre la primitiva imagen y la de nuestros días. Además, como resalta el profesor, «cuando Juan Vargas interpreta la imagen del Señor, aunque lo hace de un modo muy personal intenta reflejar la impronta de la imagen anterior, una de las pérdidas más sentidas». A este respecto, recuerda cómo la prensa de la época se hacía eco de la desesperación y las lágrimas de muchos gitanos «cuando estaban viendo el destrozo de la imagen».

Los cuatro ángeles quedaron maltrechos pero fueron restaurados y se incorporaron a la imagen nueva. Hace unos años además fueron restaurados con el patrocinio de Bandera Vivar.

«Tradición muy arraigada»

Por otro lado, lejos de ser un elemento muy accesorio, desde el punto de vista iconográfico forman parte «de una tradición muy arraigada dentro de la Semana Santa de Málaga». Si se consulta la documentación fotográfica antigua, cuenta el profesor, «todas las imágenes de cristos e incluso de vírgenes solían estar escoltadas por una pareja de ángeles niños».

Solía haber varios tipos de ángeles niños, en primer lugar, los plañideros o llorones «que combaten el sufrimiento y que, según algunas visiones místicas habían sido testigos de la Pasión» y por otro lado, los que portan los atributos de la Pasión. Pero además, «muchas veces se les representa sujetando los cordones o las borlas del cíngulo».

La presencia de estos ángeles es algo muy idiosincrásico de Andalucía Oriental y especialmente de Málaga.

En relación con las dolorosas, la Virgen de las Angustias de San Agustín, de Fernando Ortiz, llevaba acompañamiento de ángeles y también la primitiva Soledad de Viñeros.

En el caso del Cristo de los Gitanos, se trata de ángeles plañideros, un tema muy popular en la pintura y escultura barrocas que, en esta última disciplina, «permite a los autores recrearse en una visión más afligida y sentimental, a la hora de representar la Pasión».

Ángeles originales del XVIII son también los dos niños que acompañan a la Virgen de Servitas. Hay otras cofradías, resalta el catedrático, que sí los tenían como El Rico e incluso el Chiquito.

Del autor de estos cuatro ángeles, Francisco de Paula Gómez Valdivieso, el catedrático comenta que es un autor de una generación posterior a Fernando Ortiz, contemporáneo de Salvador Gutiérrez de León y que se trata de un escultor «muy desigual», al que se le asigna un San Francisco de Paula de vestir, realizado en 1794, que lo conserva la Cofradía del Monte Calvario. «Era la imagen que se encontraba en el Hospital Militar», apunta.


La palabra trono

La factura artística de los ángeles niños es buena, aunque también señala el experto que el escultor «jugaba con ventaja porque había muchos precedentes» y aunque podían servir para procesionar, «fundamentalmente se hacían para los tronos o peanas de carrete de los retablos», que luego, montados en parihuelas y con unos varales, eran sacados en procesión.

Por este motivo el profesor Juan Antonio Sánchez López, el autor del conocido estudio El alma de la madera, subraya que la palabra malagueña trono, «en realidad es una pieza vinculada a la morfología del retablo, que hace referencia a la peana desde la que la imagen se presenta triunfalmente ante los fieles, de ahí el nombre de trono».

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