Costa del Sol

La reafirmación del Calvario en Torremolinos

Los ganadores del concurso local de saetas cantaron a los dos titulares de esta cofradía durante el encierro

01.04.2015 | 03:09
La Virgen del Calvario.
La Virgen del Calvario.

Cuando el sol todavía peleaba por seguir en alto detrás del Monte Calamorro sonaba el primer toque de campana de la Cofradía del Calvario de Torremolinos. Detrás de un séquito de nazarenos con túnica negra y capirote de un rojo, que recuerda a la sangre derramada por Cristo el día de su crucifixión, pisaba la calle el Santísimo Cristo de la Sentencia. Tras sus pasos su madre procesionaba acompañando las últimos momentos de vida de su vástago.

Como es tradicional en esta cofradía, que cumple su undécima salida procesional por las calles de la localidad, procesionó a los sones de la Banda de Cornetas y Tambores de Fusionadas en la sección del Cristo y de la Banda de Música de Torremolinos en la sección de la Virgen del Calvario. Las dos tallas, del imaginero José Dueñas, conocidas como Los Calvareños al tomar prestado el gentilicio del barrio donde tiene lugar su sede canónica, iban portadas por más de 180 hombres de trono. Además, un escuadrón de Gastadores del Ejército del Aire iba acompañando en la cabeza del cortejo.

Uno de los momentos más emocionantes de la ya noche cerrada torremolinense fue el cruce de tronos, que se viene haciendo desde hace ya varios años, en la céntrica avenida Palma de Mallorca, para disfrutar al compás de la interpretación de varias saetas cantadas por los ganadores del concurso local de la modalidad de cante. Los dos tronos, salidos del taller del orfebre Cristóbal Martos, se mecieron durante largo rato al mismo son y al crujir de la misma campana, hasta llegar a la calle que le daba acceso de nuevo a su barrio.

Los mayordomos no dudaron ni un instante en lucir las dos tallas por las calles de su barriada calvareña al sonar de la música hasta llegar al templo que sirve de sede para la cofradía, la iglesia de Cristo Resucitado. Ya en las puertas de su templo, los dos tronos se encararon para dejar paso a momentos de gran emoción entre los hombres de tronos que se fundían en una amalgama de túnicas rojas y verdes a pocos minutos de volver a encerrarse en el tinglao montado a las espaldas de la parroquia.

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