Refugio de Esperanza

07.06.2013 | 23:43

Mis viejas y desgastadas manos sostienen la estampita de la Esperanza, que cual tesoro he guardado en mi monedero toda mi vida.

Aunque me vi obligado a abandonar mi tierra hace treinta años, nunca pude olvidarla. Desde que tengo conciencia fui su fiel nazareno verde hasta que pude estar más cerca de ella y llevarla a hombros.

Estos lejanos y bellos recuerdos se habían convertido en la antesala de mi fin. Un hermoso lugar en el que aguardar mi última hora.

Y entonces, la vi, de repente su reflejo apareció en el cristal de la ventana. Un agradable olor a romero, incienso y mar perfumo toda la habitación. Era el rostro de la mujer que más había querido, mi Virgen de la Esperanza. Su presencia alivio mi dolor y mi alma encontró en ella un último refugio de Esperanza.

Nunca imagine que el final pudiera ser tan hermoso.

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