Ella

10.06.2013 | 17:34

Levantó los ojos y allí estaba; una vez más se quedó paralizado: su presencia era sin duda espectacular. No podía explicarse qué tenía aquella mujer para provocar, en un hombre de mundo como él, con sólo intuirla, tan insólitas reacciones: esa extraña inquietud, una intensa emoción, un casi mágico arrobo, diría. No era el detalle con que se vestía, ni el aroma que la rodeaba, ni el movimiento con que se acercaba. Cuando la miró no vio solo esa mujer imponente, perfecta: al enfrentar por fin su cara y detenerse en ella estaba de nuevo ante la niña morena, sencilla, que aparecía en sepia en aquella vieja foto que siempre custodió su padre en la cartera. Se detuvo de nuevo en sus grandes ojos negros y se sintió en paz, seguro del reencuentro con todos aquellos que, como él, se quedaron una vez colgados de sus cinco lagrimones.

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