Creciendo bajo su manto

08.06.2013 | 11:44

Era todavía un chiquillo que ni levantaba dos cuartas del suelo, pero él ya sabía que aquella era una noche especial, de esas únicas al año, que dice el refrán que brillan como el sol. Era noche de Jueves Santo. Por eso, cuando sus padres le decían que era hora de ir a la cama, se agarraba con todas sus fuerzas a una farola y pataleaba entre farfullidos que quería ver otra vez a la Esperanza. El chiquillo creció y desde el anonimato que le proporcionaba una túnica de terciopelo verde, contemplaba las miradas expectantes del pueblo de Málaga, aguardando a su Reina, a esa mujer de los ojos verdes. Hoy ese chiquillo tiene el honor de sentir un trozo de cielo bajo tu manto. Gracias Señora, por haberme esperado. Gracias Esperanza, por hacerme malagueño.

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