CAMINO RODERO
La primera vez que fui a la Puerta del Sol fue el Miércoles 19, cuando la Junta Electoral declaró ilegal la concentración. Acudí con una compañera de piso y otros conocidos. Paramos un momento en Tirso mientras se unía el resto del grupo. Mientras esperábamos observábamos el movimiento inusual de personas en dirección al kilómetro 0.
Bajamos por la calle Carretas, poco antes de llegar a la plaza atravesamos un cordón policial. Pedían que se abriesen algunas mochilas, pero nada más. ¿Entrarían después? Aún no lo sabíamos.
Lo primero que vi, al llegar a la plaza, me causó gran ternura. De pie, cogidos de la mano, dos ancianos miraban de un lado a otro. No estaban allí por casualidad, eran dos indignados más.Casi les doy un abrazo. Estaba claro, no había consignas políticas, no había nadie detrás, sólo ciudadanos de todas las condiciones unidas por el bien común, protestando pacíficamente, diciendo que, por favor, !Basta!
Mientras nos ubicábamos en la plaza, leíamos pancartas, nos llegaban tacos con información sobre las concentración, sobre actividades, que íbamos pasando de unos a otros. Había emoción en el ambiente y se respiraba respeto por todos lados. Los unos nos dábamos las gracias a los otros en forma de sonrisa. Gracias por estar aquí, yo también quiero que esto cambie.
¡Lo llaman democracia y no lo es!, gritábamos cuando apareció Roman, el que hoy en día llaman el 'Abuelo de la Revolución', y allí se paró con nosotros a decir lo que ahora cuenta en la puerta del congreso. Daba las gracias, habló de la república, de la iglesia, del sistema político, pero sobre todo,del sentido común. Le aplaudimos a rabiar mientras se alejaba y se acercaba a otro grupo. Esa tarde nos sentamos en la plaza, hicimos nuestro propio taller de la palabra. Hablamos de indignación, de futuro, de cambio, de política y lo más importante, de como habíamos llegado a esto y qué debíamos hacer nosotros para cambiarlo. Dieron las 12 de la noche, silencio y aplauso. Cada vez había más gente. Yo seguí pasando por Sol varios días. Cada día había un nuevo cartel, una nueva consigna, una nueva comisión. Ver como se organizaba todo aquello era emocionante. Las asambleas representaban la democracia en estado puro. Las elecciones se acercaban, pero ya había quedado claro que esto, iba más allá. A nadie nos iba a sorprender el resultado, pero lo importante ya no eran ellos, éramos nosotros. ¿Antisistemas? La mayor parte de la clase política estaba claro que no había entendido nada. En la prensa se podía leer de todo, pero Internet, las redes sociales, eran la fuente de información y el punto de encuentro para muchos de nosotros. Llegaron las cargas a los acampados de Barcelona. Más indignación, más rabia y más ganas de luchar pacíficamente por un mundo más justo.
Ahora que ha pasado algo de tiempo desde el 15 de Mayo, parece que la revolución se diluye, pero no es cierto, se ha llevado a los barrios, a las casas y se ha incorporado a muchos de nosotros. Para mi es evidente que el cambio que se propone, no se producirá de hoy para mañana, no somos tan ingenuos. A la mayor parte de la clase política de este país aun le falta mucha valentía y vergüenza para entender en qué consiste la Democracia y a quienes representan. Mientras insisten en vender al pueblo al mejor postor, un cartel de la acampada me viene a la memoria: Pienso, luego resisto.
Camino Rodero es ingeniera técnica forestal.