El 15-M en los libros 

Todo empezó con un libro

Sale a la luz el trabajo del profesor Gene Sharp y su Manual de resistencia pacífica, que se descarga gratis por internet

 05:00  
Las protestas del movimiento del 15-M han tenido en la plaza de Sol uno de sus puntos neurálgicos.
Las protestas del movimiento del 15-M han tenido en la plaza de Sol uno de sus puntos neurálgicos.  EFE

La publicación del ya célebre exordio de Stéphane Hessel ¡Indignaos! ha dado pie a una de las movilizaciones sociales más interesantes de la España contemporánea, con un componente de improvisación y queja muy fuerte, con una base sociológica muy diversa

Enrique Benítez Todo empezó con un libro. Parece el inicio de una novela, pero es lo que ha ocurrido en este adormecido país también conocido como España, que desde el 15 de mayo ha vivido, primero con ilusión y ahora con cierta preocupación interrogante, uno de los más llamativos episodios de movilización social espontánea y extradeportiva que se recuerdan en los últimos decenios.

¡Indignaos!, del anciano y longevo activista francés Stéphane Hessel –nacido en Berlín en 1917 y testigo del siglo XX– es, según sus propias palabras de promoción, «un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica». Escrito como respuesta a demasiados desajustes en el funcionamiento de las instituciones que deben gobernarnos y cuidarnos, publicado y convertido en un fenómeno editorial, líder en ventas y fácil de leer (además de barato de adquirir), el libro de Hessel ha abierto la puerta a una serie de publicaciones que han encontrado en la crisis, en el malestar social y en la desconfianza ya genérica y global hacia los políticos y la clase dirigentes los mejores argumentos publicitarios.

Las primera reacción al leer este librito es la de recordar a Henry David Thoreau y la desobediencia civil. La premisa inicial, según la cual «el mejor gobierno es el que tiene que gobernar menos» acabó convertida en uno de los eslóganes preferidos del liberalismo político y económico, al que la desobediencia civil le conviene, sobre todo, cuando se apuesta por los impuestos como mecanismo de distribución de la riqueza y de financiación de las políticas públicas. Sin embargo, en el caso que nos ocupa, la indignación de Hessel es más bien contra la ineficacia, contra el statu quo imperante, construido por el poder y consentido por la ciudadanía. Es una indignación contra la injusticia, contra la pasividad, contra los silencios cómplices, contra la profunda incoherencia de millones de personas a las que sólo les importan sus propias vidas, su comodidad personal, su prosperidad material, su presente.

La crisis financiera mundial ha reventado el débil equilibrio que sustentaba la paz social. Un equilibrio basado en la creación de riqueza a partir de elementos financieros y de su distribución, como en una celebrada viñeta de Astérix, en la que un gobernador corrupto enviaba unas pocas monedas a Roma (para pagar los impuestos y mantener los servicios públicos), mientras que se quedaba para él con la inmensa mayoría de lo recaudado. La crisis ha traído paro, la codicia ha destruido el consenso. Y la pérdida de bienes materiales y logros inmateriales ha puesto a la sociedad frente al espejo. Lo que han visto los ciudadanos, no les ha gustado.

Lo malo de todo este proceso es que se ha utilizado un espejo interpuesto. La ciudadanía, indignada, no se ha confrontado con sus propias carencias, con su propio egoísmo. Ha buscado respuestas en sus representantes, que les parecían efectivos y adecuados cuando las cosas iban bien (ya saben: «¿Qué hay de lo mío?») y que de la noche a la mañana se han convertido en personas repugnantes, seres corruptos culpables de todos los males. Hay que recordar que los dirigentes políticos, económicos o institucionales (y también los deportivos) suelen prolongar la imagen y el espíritu de sus representados, y que si hay que ajustar cuentas, la (ir)responsabilidad entonces habrá sido colectiva, compartida y repartida. Cuando todo ha ido tan mal, no sólo unos pocos estaban equivocados.

Positivo. Hay elementos positivos, sin duda, en estas movilizaciones, en esta toma de conciencia de miles de personas, reunidas en torno a un deseo de cambiar las cosas, alrededor del siempre oportuno lema que nos recuerda que «otro mundo es posible». En la primavera árabe, desde la cómodas butacas occidentales hemos visto en los últimos modelos de televisores de plasma (muchos de ellos comprados con las desorientadas políticas socialdemócratas de apoyo a las familias) cómo en países como Túnez, Egipto, Yemen, Siria o Libia se producían revoluciones pacíficas capaces de derribar gobiernos corruptos o de generar una dialéctica desgraciadamente violenta entre los partidarios del continuismo y de las reformas. Mientras se nos decía en Occidente que todos los jóvenes árabes eran potenciales terroristas suicidas y evidentes enemigos de la civilización que defendemos, descubríamos que lo que querían no era otra cosa que ser como nosotros: personas con derechos civiles, con perspectivas de futuro, con horizontes. Hombres y mujeres que necesitaban recuperar la capacidad de soñar.

Las revoluciones árabes penetraron en nuestras adormecidas sociedades y despertaron conciencias. «Yes, we can. Yes, we camp». La revolución pacífica es posible. El pueblo unido jamás será vencido. Debajo de los adoquines está la playa. Sale a la luz el trabajo de un profesor americano, Gene Sharp y su Manual de resistencia pacífica, que se descarga gratis por internet. Funciona el ejemplo. Hay que intentarlo.

Combinación explosiva.
De manera que la combinación explosiva de un librito escrito por un viejo militante de los derechos humanos, el malestar social, la mediocridad política, las revoluciones árabes, las hipotecas exageradas, el desempleo y la ausencia de buenas noticias ha catalizado, a través de las redes sociales, en un movimiento popular sin precedentes, caracterizado por sus buenas intenciones, sus manifiestos llenos de tópicos manidos, y su inobjetable entusiasmo.

«Crear es resistir. Resistir es crear», leemos en el libro de Hessel. Pascual Serrano propone, en otro de los libros aquí reseñados, «un paseo crítico por lo que llaman democracia». Lástima que al leerlo uno se pregunte (sin ironía) cómo es posible que alguien siga defendiendo, a estas alturas, a Cuba o Venezuela como ejemplos de democracia real. Maruja Torres prologa desde su bien pagada atalaya moral un librito anónimo cuyo título, ¡Insolventes! recrea el formato de éxito de ventas de Hessel. Y es triste concluir que al ver tantas novedades, tantos libros indignados en las estanterías de librerías y grandes superficies, me haya venido a la memoria aquel interesante estudio de los profesores canadienses Joseph Heath y Andrew Potter titulado Rebelarse vende. El negocio de la contracultura.

No quiero perder la esperanza
. El oportunismo de unos pocos no puede ensombrecer ni las propuestas de Hessel, ni su oportunidad, ni las convicciones sinceras de miles de personas, dispuestas al menos a salir a la calle y a mantener acampadas incómodas en un bello y estimulante ejercicio de protesta pacífica. Su grito contra la ineficacia de las instituciones, contra la manipulación de la voluntad del pueblo, contra el mal gobierno, contra la corrupción y contra la política de medio pelo es un grito que debe ser una exclamación inclusiva, capaz de provocar las simpatías de todos los que están o estamos hartos de muchas cosas. Hay mucho de bueno y de auténtico en el Movimiento 15M. La sana ilusión de sus integrantes es la mejor prueba de que no todo está perdido.

Una llamada al no a la violencia. Las últimas protestas relacionadas con el Movimiento 15-M han dado lugar a una creciente y acelerada pérdida de simpatía hacia este fenómeno social. Si hace pocos días casi dos tercios de la población española se sentía próxima a las reivindicaciones y mensajes de los llamados «indignados» –incluyendo a la mujer más rica de España, Rosalía Mera– las algaradas callejeras de Barcelona y otros lamentables incidentes han obligado a los primeros líderes reconocidos de la protesta pacífica a dar la cara y a desentenderse del vandalismo callejero. El espíritu del Cojo Manteca ha sobrevolado la Puerta del Sol.

Sería interesante mantener la tensión, pero sobre todo incidir en el debate, en el intercambio de ideas y en los cauces y canales pacíficos. La mayoría social puede dar la espalda a un movimiento de estas características, tan necesario, si acaba convertido en una manifestación minoritaria, juvenil, radicalizada y carente de objetivos y propuestas que puedan ser compartidas por una gran mayoría.

Es triste escribir que los diferentes manifiestos redactados en las últimas semanas apenas introducen novedades reseñables y que sus contenidos están llenos de tópicos leídos en los medios de comunicación que tanto contribuyen a sostener el orden supuestamente combatido. A los indignados les recomendaría que leyeran a Peter Sloterdijk, que escribió (En el mismo barco) lo siguiente: «Profesión: político. Domicilio principal: la complejidad. Programa: convivir con aquellos con los que convivir resulta difícil. Moral: trabajo de filigranas con retos pretenciosos. Pasión: tener una relación con lo irrelacionable. Historial: autorreclusión por convicción». A ver qué indignado le pone el cascabel al gato.

Chat: El futuro del Movimiento 15-M

Varios miembros de la Comisión de Barrios y Pueblos del 15-M han respondido este jueves  a tus preguntas

 

Así fue el chat con Acampada Málaga

Lee el primero de los dos chats programados con voluntarios de distintas comisiones del movimiento 15M en Málaga

Un futuro bulevar repleto de basura

Los vecinos de El Duende critican que en los antiguos terrenos de Renfe hay una importante acumulación de suciedad
Lo último Lo más leído Lo más votado

El 15-M, en diarioinformacion.com

Este especial '15-M: Un mes de movilizaciones' tiene también versión alicantina. ¡Visita el especial de nuestros compañeros!

El profeta de los 'indignados'

Para el escritor y diplomático germano-francés, el siguiente paso en la lucha del movimiento debe ser 'el compromiso'

TEXTO

DESCRIPCION
 Ver galería »
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de laopiniondemalaga.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 


  Aviso legal
  
  
Otras publicaciones del grupo
Diari de Girona | Diario de Mallorca | El Diari | Emporda | Faro de Vigo | Informacion | La Opinión A Coruña | La Opinión de Granada | La Opinión de Malaga | La Opinion de Murcia | La Opinion de Tenerife | La Opinion de Zamora | La Provincia | La Nueva España | Levante-EMV | Mallorca Zeitung | Regio 7 | Superdeporte | The Adelaide Review | 97.7 La Radio | Blog Mis-Recetas | Euroresidentes | Loteria de Navidad | Oscars | Premios Goya