Devoción

El alba de la emoción indescifrable

La Misa del Alba y el traslado de Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad fueron muestra del ritual que se repite cada año

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Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad dan sus primeros pasos por la calle Jara.
Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad dan sus primeros pasos por la calle Jara. Carlos Criado

Ignacio A. Castillo El alba llegó a las 7.48, mientras un Padrenuestro por colombianas rasgaba el cielo que hasta entonces era de un azul intenso y dejó un manto celeste que cubría todo el barrio de la Trinidad. Las nubes no amenazaban. Como desde hace más de dos décadas, María del Carmen Gaitán, José Salazar y Alberto Castellón, rezaban la oración de los fieles. La plaza de San Pablo a rebosar. ¿Diez mil asistentes? ¡Qué más da! Por algo el Cautivo es el Señor de Málaga. Y por eso el obispo, Jesús Catalá, volvía a presidir la ceremonia al aire libre. Puntual comenzaba la Misa del Alba. ¿Qué es el alba, Pepelu?

Son las emociones indescifrables. El nerviosismo que se contagia. La devoción sin límites. Es el Cautivo y la Virgen de la Trinidad dispuestos en el mejor de los doseles de culto que puedan existir para celebrar la eucaristía: la propia fachada del neogótico San Pablo. Son claveles que se ofrecen como señal de gratitud. Son saetas y vítores. El alba también es resignación, es delegar el gobierno en el pueblo. El alba es llevar el consuelo a los enfermos y una auténtica marea que, desde bien temprano, aguarda el paso del traslado del Cautivo. Y es el reencuentro.

El alba es además la oscuridad y la quietud en el interior del templo y poder mirarlos cara a cara. Y rezar mucho por quienes merecen la pena. Y por los que no, para que cambien. Solos los tres. Aunque el trajín sea constante alrededor preparando todo lo litúrgicamente preparable.

Tras la imposición de las medallas a las autoridades militares de Melilla 52 y Ceuta 54 presentes en el acto, el prelado comenzaba la ceremonia. El silencio reinaba pese al gentío, que llegaba a encaramarse a las tapias de la plaza. El alcalde encabezaba la nutrida representación de concejales asistentes. También participaron en la misa, por primera vez, Manuel Pellegrini, entrenador del Málaga, y su segundo, Rubén Cousillas. Vicente Valcarce, delegado del equipo, que ya ha estado muchas veces, hacía de lazarillo.

Bueno para el alma. La homilía de Catalá se basó en la exposición de la Sábana Santa que hasta el próximo mes de junio se puede visitar en la Catedral y en el repaso que esta muestra hace de la tortura que padeció el hombre de la Síndone. «La Sábana Santa es espejo del Evangelio», dijo el obispo. Un hombre azotado, coronado de espinas, crucificado y su costado traspasado por una lanza para certificar su muerte. «Las coincidencias son impresionantes», añadió. Y realizó un paralelismo hacia el Cautivo. «Es bueno para nuestro alma contemplar esta imagen y su gesto supremo de amor, ya que sus heridas nos han curado y su humildad rebaja nuestro orgullo», concluyó.

El traslado se echó a andar en torno a las 8.10 horas y se cantaron las primeras saetas. Y llegaron las primeras ofrendas florales. Y las primeras bullas ante el trono del Señor y la Virgen de la Trinidad en la calle Jara. A las 10.00 llegaba al Hospital Civil, un momento culminante en la mañana y al que también asistió el obispo, por primera vez desde que ocupa la sede malagueña. En el recinto hospitalario, la banda de cornetas del Cautivo, que abría la comitiva, se dispuso en formación e interpretó Bendición. A continuación, junto con la Trinidad Sinfónica, que aguardaba en la plazuela, tocaron Refúgiame, una versión para cornetas y banda de música. Se impusieron las medallas a los enfermos y Diana Navarro y Antonio Cortés cantaron larguísimas y emocionadas saetas.

A partir del hospital, la banda de la Trinidad acompañó al trono, que seguía recibiendo ramos de flores, tantos, que muchos caían al suelo y los fervorosos devotos se tiraban a recoger las flores por entre las piernas de los músicos, confundiendo la fe con la histeria. Limasa, desde luego, tendría ayer poco trabajo en el barrio.

En la calle Sevilla comenzó a chispear, pero no dejó de ser una nube que no impidió que se llevara a cabo la estación ante la casa hermandad de la Soledad de San Pablo. Ya eran las doce y media y todavía quedaba la calle Trinidad, donde ya no se cabía.

¿Qué es el alba? El alba es el rito anual que Málaga repite mostrando cuánto quiere a su Cautivo y a su Trinidad.

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