La Pasión de Málaga

Consumatum est

El Viernes Santo es día de tomarse las procesiones con otro ánimo. El silencio se impone en los cortejos, la exuberancia se deja de lado y predomina el negro, si acaso algunos matices de blanco, azul o rojo. La Catedral centra la tarde de esta jornada, marcada por tres hermandades de nuevo cuño

22.03.2016 | 17:07
El Señor Yacente en la bajada desde la capilla del Monte Calvario.
El Señor Yacente en la bajada desde la capilla del Monte Calvario.

El Viernes Santo es diferente al resto. El tono baja y los propios malagueños modulan su comportamiento en la calle. No hay aplausos, las bullas se diluyen y la actitud es de más silencio en la calle. Es un día que invita a pasear, explorar, seguir cofradías con tranquilidad, reflexionar y plantearse la vida con otro ánimo. No hay estrés, sólo la invitación a la devoción y uno mismo.

No obstante, hay dos Viernes Santo. La tarde está marcada por las cofradías de nuevo cuño, que han abierto nuevos caminos devocionales y estéticos, como una vía de comprender e interiorizar el mensaje de Jesús.

Dolores de San Juan es ruán y esparto, las voces de las Hermanas de la Cruz, es Catedral, incienso, capilla musical, cruces al hombro, manos desnudas y silencio. También es elegancia y mensaje. El trono del Cristo de la Redención es un discurso de teología. La Virgen de los Dolores, plena de detalles, una referencia devocional. Su nuevo manto dará que hablar, como ha ocurrido con cada estreno de los últimos años.

Le sigue el Monte Calvario. La juventud manda y, con ella, el atrevimiento y la innovación. La belleza como una forma de llegar a los corazones con la imagen de Cristo. Su procesión comienza pronto, con la bajada desde la capilla del Monte Calvario, para luego recorrer las calles con una cuidada selección musical y orden.

El Descendimiento sigue dando pasos hacia adelante. El sábado 19 de marzo inicia las obras de su nueva casa hermandad, consolidándose así en un barrio sin tradición cofrade hasta que llegaron ellos. El Parque les acoge en su procesión. El verde primaveral y el negro en las túnicas juegan al contraste. Aporta un grupo escultórico muy identificable, necesario y que alcanza su gran momento en la Catedral.

Tras el Descendimiento llega otro Viernes Santo. Iniciado por el Santo Traslado y Soledad de San Pablo, cofradía de barrio que conserva elementos tradicionales, como las sandalias o la centuria romana, con detalles como la cruz guía que está hecha a imagen y semejanza de San Pablo, o un renovado grupo escultórico que ha ganado muchos enteros.

Amor y Piedad son otras dos cofradías coetáneas, de fuerte implantación en sus barrios y con advocaciones complementarias, ofreciendo una conjunción envidiable al ofrecer al malagueño una procesión de Amor, Caridad y Piedad.

La primera llega desde el barrio de la Victoria, continuando en la recuperación de su estampa añeja, pero sabiendo aportar detalles que muestran la juventud de sus integrantes, con una visión moderna sobre las hermandades. La Piedad llega desde la Cruz del Molinillo, donde lo es todo. Su capilla callejera ha convertido a su sagrada titular en la vecina más popular del barrio, a la que todos le van a contar sus penas y alegrías, o simplemente a saludar como una más. Las marchas de corte clásico le van a esta advocación, que destaca sobre el tradicional monte de lirios morados y que este año estrena además un nuevo sudario.

El Sepulcro anuncia que todo se ha consumado. La Pasión llega a su fin con la muerte. La marcha fúnebre, el silencio y el respeto del público son elementos que acompañan este cortejo, que para el año próximo acometerá la renovación del trono de la Virgen de la Soledad.

El Viernes Santo se cierra a oscuras. La Virgen de los Dolores, de Servitas, va recorriendo las calles en silencio, con el susurro de la oración y un tambor como única compañía. Es momento de rezar y esperar la Resurrección.

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