Visiones terrenales

El sentido de la Semana Santa

La Semana Santa ha alcanzado la mayoría de edad y debe decidir si sigue creciendo o prefiere quedarse estancada

27.03.2016 | 05:00

Mira tú, nazarenito, que sólo nos queda que el Resucitado salga por la puerta para decir adiós a la Semana Santa 2016 y habrá que esperar otro año. Hay quien no pudo salir y a quien la lluvia le sorprendió en plena calle, es lo que tienen las Semanas Santas tempraneras; y hay quien rubricó magníficas estaciones de penitencia, de diez. A partir del Martes Santo, la cosa mejoró mucho y las lágrimas de los primeros días se tornaron en risas y alegría. Lo siento mucho, por ejemplo, por mis amigos de Humildad y Paciencia, a quienes la lluvia sorprendió en la estación de autobuses; por Dulce Nombre, por Crucifixión, Pasión e incluso por Gitanos, aunque no creo recordar que ningún hermano mayor ponga al mal tiempo tan buena cara como Pepe Losada. Genio y figura incluso cuando, ya con la sección de nazarenos en la calle, seguía sonriendo con cara de circunstancia. El Cristo tuvo que ser tapado con un plástico, al igual que el manto de la Virgen de la O. Cuando pasaron la Tribuna de los Pobres y vieron que no llovía, siguieron adelante ya sin plástico alguno. A todo esto que en este resumen a modo de despedida tendré que hacer notar cinco cuestiones importantes: que hay que cambiar ya, de una vez, el itinerario, y más si el año que viene, con las obras del metro, está abierta media Alameda Principal –y analizar, que para eso hay un año, cómo se distribuyen los 21.000 abonados–; que nos hace falta muchísimas dosis de respeto –ayer, cuando el Sepulcro acababa de culminar la calle Granada, no había quien mantuviera el silencio, bien es verdad que debido a la cercanía de la plaza Mitjana, en la que estaba de botellón media Málaga; y, por último, que hay que abrir ya el melón del Sábado Santo, siempre que las cofradías que se sumen a esta jornada (Santa Cruz ya lo tiene en sus estatutos) se encierren antes de la medianoche. La cuarta cuestión es la de las vísperas: está bien que haya traslados, pero lo de algunas procesiones anteriores al Domingo de Ramos hay que hacérselo mirar: ¿debería haber tantas? ¿Habría que poner cierto orden? ¿Tal vez algunas de ellas no deberían ir creciendo poco a poco antes de echarse a la calle para hacer un desfile procesional que, en determinados casos, ha rozado lo esperpéntico, sin tener siquiera gente para sacar los tronos? No digo que sean todas, pero sí que el camino es el que marcaron Mediadora de la Salvación y, sobre todo, Humildad y Paciencia. Y, por último, hay que abordar también del debate de los pulsos, porque lo que no puede ser es que unas sí y otras no, por no hablar de determinadas cofradías que han hecho de su encierro una prolongación de la procesión. Los horarios están para cumplirlos, le pese a quien le pese.

Por lo demás, todo ha salido a pedir de boca, pero me da a mí que la Semana Santa ya ha entrado en un punto de mayoría de edad y tiene que pensar si quiere seguir creciendo o quedarse estancada. Ahora es el momento de tirar para adelante y dar el salto de calidad que nos falta. De la Tribuna Oficial no hablo, porque ya saben ustedes la que se lió el otro día en la radio a cuenta de la misma. Quédense con los detalles que les hayan llegado al corazón y guárdenlos para dentro de un año, que luego la espera se hace muy larga. Tal vez demasiado.

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