30 de marzo de 2018
30.03.2018
Procesión

¡Silencio!, pasa el Sepulcro

El único momento en que Carretería deja de ser Carretería en Semana Santa es cuando pasa el trono del Sepulcro y se convierte en un escenario más del luto del Viernes Santo

31.03.2018 | 12:17
¡Silencio!, pasa el Sepulcro

La calle Carretería es bullicio. Algunas veces más, cuando pasa el Cautivo, el Rocío o la Congregación de Mena, otras menos, cuando las procesiones del Viernes Santo imponen un tono de voz más bajo y las calles no se llenan tanto. Pero sigue habiendo bullicio, un murmullo incesante. Sólo hay una excepción, cuando pasa el trono del Sepulcro. Entonces sólo hay silencio. Es también el único momento en que las sillas que se ponen en Carretería dejan de tener utilidad. La hermandad consigue lo que el Ayuntamiento de Málaga no es capaz de conseguir. De hecho, es quizás el único momento en que Carretería deja de ser Carretería en Semana Santa y se convierte en un escenario más del luto del Viernes Santo. Y eso lo consigue únicamente el catafalco de Moreno Carbonero con Jesús muerto sobre Él.

El Sepulcro es una advocación compleja para despertar la devoción. No es fácil de ver. Pero tiene un componente que impone respeto. El hecho de presentar a Jesús muerto y la insistencia de la 'Marcha Fúnebre' de Chopin nos toca una tecla en el cerebro que nos hace levantarnos del asiento, callarnos, dejar el móvil y presignarnos, rezar una oración o, simplemente, callarnos y mirar. Puede que muchos nunca le hayan visto el rostro al Señor del Sepulcro, pero todos lo conocen y respectan.

La Virgen de la Soledad es otra cosa. Es el último gran trono de la Semana Santa. Y además muy grande. La plata refulge aportando un poco de luz a la oscuridad. Iba con la candelería encendida por la calle Álamos, cosa nada fácil por el viento que ha hecho durante todo el día. Es un trono complicado de llevar, que pesa mucho y no es fácil de maniobrar. Sin embargo, los portadores lo llevaban por la calle Carretería con suavidad. La Virgen iba bellísimamente vestida, con un gusto exquisito, como corresponde a una imagen de su elegancia. El frío de la noche no impedía ver la calidez de su mirada. La Virgen de la Soledad lucía bajo el rostrillo la medalla del 'Besacinta' de Santa María de la Victoria, bendecida por el Papa y cedida para la procesión por la hermandad de la Victoria con motivo del 75aniversario de su Coronación Canónica.

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