Senderismo

Accidentada ascensión al Mulhacén

"Era una lotería: andar o pararse sabiendo que uno de esos rayos podía caer demasiado cerca..."

 20:12  
Uno de los expedicionarios, durante la ascensión al Mulhacén.
Uno de los expedicionarios, durante la ascensión al Mulhacén. Daniel Díaz Aragón

José Antonio López Medina Cuando se realiza una excursión, por sencilla que parezca, debemos tener especial cuidado ante cualquier imprevisto que pueda surgir. Por ello, siempre es aconsejable disponer de un botiquín básico, llevar mapas de la zona (o conocer la ruta a la perfección), prever agua y alimentos suficientes, contar con calzado y ropa adecuados… y por supuesto prestar atención a las previsiones meteorológicas y al estado real del tiempo.

En alta montaña este último aspecto es fundamental. Hace 5 años, un grupo de senderistas realizamos nuestra segunda ascensión al techo de la Península Ibérica, el Mulhacén. Pese a que la excursión la realizamos un 15 de julio, somos aficionados a la meteorología y por ello estamos en continua atención a las previsiones meteorológicas e incluso aquella jornada el tiempo era a priori estable, las condiciones meteorológicas nos jugaron una mala pasada.

Arrancamos con una mañana despejada pero durante el ascenso empezamos a observar los primeros cumulosen las cumbres de Sierra Nevada. El excursionista a menudo se encontrará con este tipo de nube en forma de montañas de algodón, con formas que recuerdan a una coliflor en su cima y de base plana. En verano son habituales en las zonas altas, por efecto del calor: si no alcanzan gran desarrollo vertical se les llama ´nubes de buen tiempo´. Suelen deshacerse al final de la tarde, sin más consecuencias, la mayoría de los días.

Pero aquel día los cumulos siguieron ganando altura. Coronamos la cima aún con rayos de sol, pero no nos empezó a no gustar la oscuridad que comenzaban a presentar las bases de las nubes, aún así seguíamos confiados en que la situación no pasaría de ahí; incluso comimos tranquilamente acompañados de más excursionistas que llegaron a la cima.

De repente observamos cortinas de precipitación hacia el Norte. Posteriormente nos percatamos de que eran blanquecinas: ´está granizando hacia el Veleta´ avisamos. Rápidamente recogimos para marcharnos y en ello empezaron a producirse descargas de electricidad estática: el roce de las botas con la piedra o el rozar a un compañero iba acompañado de un chasquido ´plas… plas´. Gritamos a todos los excursionistas que allí estaban: "¡En breve va a caer un rayo, al suelo con las mochilas entre el vientre y las piedras!" Y así fue, a unos 200 metros la primera descarga nube-tierra.

Los demás senderistas, que se mostraron incrédulos cuando dimos el primer aviso, en seguida nos hicieron caso tras el primer rayo y posterior tronada por lo que todos recogieron sus pertenencias rápidamente. Iniciamos un descenso raudo ladera abajo; cada cierto tiempo parábamos a tomar aire y asegurarnos que todo el grupo venía junto. Descendíamos semi-agachados, soportando la granizada que a ratos era intensa mientras caían rayos a pocos metros.

El problema del Mulhacén en este tipo de situaciones es que se trata de una pirámide de piedras, un terreno yermo que no permite guarecerse en ningún momento; era una lotería: andar o pararse sabiendo que uno de esos rayos podía caer demasiado cerca… Pasamos bastante miedo. Además, aunque menos grave, incluso un grupo de excursionistas, al reencontrarse posteriormente con nosotros, nos mostró en sus brazos y piernas los efectos de la granizada más intensa con la que se toparon, presentando numerosos hinchazones.

Por fin descendimos lo suficiente para huir definitivamente de la tormenta. Los rayos empezaban a verse más lejos y las tronadas cada vez más tenues. Desde abajo observamos como esos cumulos inofensivos habían evolucionado a cumulonimbos, nubes más poderosas, más altas, que ya habían perdido la forma de coliflor en su cima y presentaban una forma más fibrosa.

Nos llamó la atención el comportamiento de un rebaño de cabras monteses en medio de la nada soportando estoicamente la tormenta. El grupo se mostró quieto en todo el momento, con la figura de un macho cabrío en una roca más alta y alrededor de él el resto del rebaño ¿cuántas de estas habrían vivido ya?

La moraleja es clara: mucha atención al cielo y a las previsiones meteorológicas, sobre todo en alta montaña. Incluso la experiencia puede jugar en nuestra contra pues a veces crea una equivocada confianza.

Para ver el reportaje completo, con todas las imágenes: ir a la dirección www.senderismo-y-turismo-rural.com, pinchar en 'Senderismo' y finalmente en 'Sierra Nevada'.

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