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Pedro C. Fernández A estas alturas del año, las aguas superficiales del mar Mediterráneo ya presentan valores de temperatura bastante elevados en algunas zonas, como los casi 30 grados en el caso de las aguas cercanas a las Islas Baleares. Sin embargo, si pensamos que estas temperaturas son altas, para que nuestros lectores de este fin de semana puedan hacerse una idea, en agosto de 2003 (seguramente todos recordarán la ola de calor que padeció buena parte de Europa en aquél tórrido verano) las temperaturas de algunas zonas del Mediterráneo superaron los 35 grados.
También durante aquél mes de agosto, saltaron todas las alarmas en cuanto a lo que podría pasar, meteorológicamente hablando, con un mar tan sumamente recalentado; así, el temor hacia la mal nombrada ´gota fría´ (que ahora ya sabemos que correctamente se llama DANA, o Depresión Aislada de Niveles Altos) se extendió por muchos medios de comunicación. Se temía que, fruto de esta energía contenida, el cielo se cayera durante el otoño sobre las comunidades que, habitualmente sufren este fenómeno de las lluvias torrenciales asociadas a estas configuraciones atmosféricas.
¿Qué es lo que ocurre en realidad? Lo comentaba en Madrid, precisamente aquél verano de 2003, con una persona muy conocida en el mundo de los aficionados a la Meteorología: José Antonio Quirantes, que es trabajador de la Agencia Estatal de Meteorología. Resulta que, si el Mediterráneo estaba tan recalentado, es precisamente porque estaba habiendo una ausencia de configuraciones atmosféricas que hubieran impedido este calentamiento; es decir, que estaba habiendo una ausencia de episodios inestables, siendo la estabilidad la que, en general, dominaba el panorama meteorológico a nivel sinóptico en todo el área (cosa que, por otra parte, es lo normal para un mes de agosto, en que las borrascas circulan lejos de nosotros, y es raro que vaguadas profundas se repitan). Así, aunque podía ocurrir, lo normal es que la atmósfera no evolucionara de tal manera que esa enorme cantidad de energía contenida en el mar, se pusiese en juego en forma de violentos y extensos sistemas tormentosos que descargaran lluvias torrenciales por doquier, que era lo que se temía. ¡Y finalmente así ocurrió! Hubo algunos episodios tormentosos con lluvias torrenciales, pero nada que no hubiese pasado antes. Además, si buscamos episodios de lluvias torrenciales históricos, los máximos exponentes no tenían relación con unas temperaturas del Mediterráneo que fueran excesivamente llamativas y, por supuesto, ni cercanas a los valores que se alcanzaron aquella vez.
Por tanto, la respuesta a la pregunta que sirve de título a este artículo, es un "no", con matices, por supuesto. Este mes de junio tuve la oportunidad de asistir a un magnífico curso sobre tormentas en el Centro de Estudios Ambientales de Valsaín (Segovia), convocado por la Asociación Meteorológica Española (AME), y con conferencias impartidas por meteorólogos profesionales y trabajadores de la Agencia Estatal de Meteorología. Una de las conferencias estaba titulada "El Riesgo Estadístico de Tormenta", y en él pudimos aprender qué regiones dentro de la Península Ibérica son más proclives a sufrir tormentas y, por ende, que la presencia del mar Mediterráneo, un mar cálido en otoño, jugaba un papel fundamental en que las zonas costeras, y especialmente las bañadas por el Mediterráneo con las Islas Baleares a la cabeza, fueran las zonas con el mayor número de días de tormenta en esta época del año.
La conclusión que se puede sacar, después de lo ya comentado, es que el hecho de que el Mediterráneo sea un mar cálido, y que conserva en otoño parte de esa energía adquirida durante el estío, tiene una relación directa con el número de días de tormenta que tienen las comunidades mediterráneas, desde Cataluña, hasta nuestra costa andaluza. Pero establecer una relación directa entre un otoño de lluvias torrenciales generalizadas con unas temperaturas muy elevadas del Mare Nostrum sería un gran error. Lo que sí sería posible de hacer, en parte, es un pronóstico a corto plazo, como mucho una semana, de una situación potencialmente peligrosa, en un raro supuesto en que la atmósfera presentara una configuración inestable (presencia de una DANA) para la fachada mediterránea peninsular, a la que se sumen unas elevadas temperaturas del mar. En todo caso, una combinación muy poco probable de darse en términos estadísticos.
Quisiera añadir que uno de los hilos más importantes e interesantes que existen en el foro de debate de Cazatormentas.Net es el que hace referencia al tema que aquí se trata. Se puede acceder a este hilo a través del siguiente enlace:
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