Entre Mascotas

El juego sexual de los gatos

"Se pasean toda la noche en busca de alguna puerta abierta: para ellos la fiesta acaba de comenzar..."

 20:12  
El juego sexual de los gatos
El juego sexual de los gatos 

Guillermo Elzo Si bien dentro del reino animal existen varias especies donde el cortejo y el juego previo al sexo es muy importante, no tenemos la oportunidad de ver este comportamiento con tanta frecuencia como con nuestras mascotas felinas. Los gatos, dentro de la cantidad de animales que conviven diariamente en nuestros hogares, son los que más se asemejan a los humanos en cuanto al comportamiento sexual, y fundamentalmente esto se debe a que depende de los dos la estimulación. Eso sí, siguen el esquema más clásico (y más cuestionado) de nuestra especie: por una parte la gata elije a su pareja, por lo que generalmente tiene que salir de su territorio o pasearse por el límite de su zona; por otro lado, el que ella esté dispuesta a aparearse depende fundamentalmente de la estimulación proporcionada por el macho.

Nuestros amigos felinos pertenecen al grupo de animales cuyo ciclo sexual es denominado por los científicos como "poliéstrico", esto significa que son seres que se encuentran aptos para concebir durante todo el año. Si bien requieren del ambiente adecuado y la tranquilidad necesaria (y la estimulación del macho), las gatas generalmente son receptivas casi siempre durante su vida fértil, la cual va decreciendo con el paso de los años y tiene algunos recesos cuando se encuentran en la etapa de gestación o lactancia, en la que no permiten la presencia de ningún macho con intenciones de 'conquista'.

De ahí la importancia respecto al control de la natalidad en nuestros amigos felinos. Estudios recientes indican que una gata en condiciones naturales o salvajes tiene varios celos al año, de dos a tres veces anuales, en primavera, verano y otoño, lo que los expertos definen como "poliéstrico estacional". Pero en el caso de las gatas que viven en nuestra casa, el celo puede variar dependiendo de las horas de luz y el calor que tiene el día ('fotoperiodo'), de ahí que se diga que 'Agosto es el mes de los gatos', pues coincide en Europa con el verano, donde los días son más largos. No obstante el ciclo es repetitivo mes a mes, los últimos estudios realizados con gatas caseras expuestas permanentemente a luz artificial, como en nuestras casas, demuestran que ni el frío del invierno, que hace que se inhiba la actividad procreativa, ni el periodo de luz influyen para que estas amigas hagan un paréntesis; por el contrario, esa sensación de seguridad y bienestar en todos los aspectos las hace más proclives a procrear durante todo el año.

Madurez sexual

El macho, por su parte, a sabiendas de que es él quien estimula el comportamiento sexual de la hembra, se encuentra siempre dispuesto a complacerla, por eso durante la noche, horas en que generalmente se produce la monta o los encuentros sin mayores contratiempos, se inquieta más. Además, por su gran sentido del olfato, percibe las señales de una compañera cerca y sale a su acecho. Los gatos se pasean durante toda la noche en búsqueda de alguna puerta o ventana abierta que les permita salir, atreviéndose muchas veces a despertar a su amo. Y es lógico, para ellos la fiesta acaba de comenzar.

Las gatas entran en la madurez sexual a partir del momento en que su peso fluctúa entre los 2,5 y los 5 kilos. Hay gatas que pueden entrar en celo a partir de los 4 ó 5 meses, mientras que otras pueden no hacerlo hasta los 18. La raza también influye: una gata de pelo corto puede alcanzar la madurez sexual antes que una gata de pelo largo.

Generalmente, el primer celo de nuestra gata pasa totalmente desapercibido, y si no hay ningún macho cerca para que ella evidencie dicho comportamiento, podemos cometer el error de creer que aun no lo ha tenido. Lamentablemente, si no advertimos su primer celo y por ende no existe gestación, nuestra amiga tendrá menos periodos de descanso, lo que aumentará sus celos posteriores.

Romanticismo y seducción

La primera etapa del celo es el 'proestro', cuando las concentraciones de estrógenos en sangre son más elevadas. Esta fase puede durar entre 3 y 5 días y es cuando la gata empieza la seducción y cuando es más atractiva para el macho (aunque todavía no está receptiva). Si lo engatusa –utilizando un término felino–, le indica que ella está ahí, que no se olvide, y hace que el macho ya empiece a marcar cierta preferencia, en definitiva la invitación es "quien me sigue lo consigue". Es sumamente interesante observar ese ritual, lleno de romanticismo y seducción. A sabiendas de que se encuentra en conquista desde una distancia segura ('ni mucho que la queme ni poco que la enfríe'), se pasea delante del macho, mostrando en un principio cierta indiferencia pero clavándole la mirada cada cierto tiempo, y adopta cierta actitud de complacencia. El macho, por su parte, en su afán de conquista, trata de acercarse de manera rápida, sin mucho preámbulo, pero como la ella aun no quiere fiesta se aleja rápidamente (no del todo: manteniendo la distancia perfecta).

Las gatas son maestras en el 'arte' de conquistar a su macho, lo hacen todo con una feminidad asombrosa, sus movimientos son pausados y armoniosos, como si se prepararan y ensayaran dicho ritual; sus miradas, lejanas pero penetrantes, influyen de tal manera en el macho que nada ni nadie puede perturbar su atención, si bien el paseo no dura mucho tiempo: el suficiente para dejar clavada en el corazón del macho ('la llama del amor'), que repasará una y otra vez por medio del olfato el recorrido de su amiga y esperará el sonido de su voz avisándole de que puede comenzar la fiesta porque ella está dispuesta.

Triunfo del amor

Una vez terminada la etapa de 'proestro' nuestra amiga cambia de comportamiento, empieza a emitir constantes maullidos muy fuertes y a revolcarse por el suelo, se muestra mucho más cariñosa y se pasea ya no de manera tan majestuosa como al principio, cual modelo en un desfile, sino que arquea su cola (si la acariciamos, notaremos que baja su parte delantera para dejar la trasera más alta). Esos sonidos son justamente los que espera el macho, que responde de inmediato y a medida que pasan los minutos empieza a desesperarse si no encuentra a su 'amada'. Generalmente los dueños de gatas se dan cuenta de ello porque, aunque esta especie es muy territorial y respeta mucho los espacios del otro, el amor puede más. Invadir cualquier territorio, con los peligros que esto conlleva, no es un obstáculo para los gatos.

El problema muchas veces se produce si la monta no existe, en muchos casos la inmadurez del macho puede ser la causante, en otros la presencia de algún intruso o ruido hace que no se consolide el apareamiento... Y dicha situación trae como consecuencia que se observen en nuestras amigas celos de larga duración de 10 a 14 días, e incluso la patología conocida como "ninfomanía de la gata", que es una alteración hormonal con la que la gata experimenta un celo constante.

Celo y esterilización

Existen algunos fármacos inhibidores del celo, aunque estos sí tienen efectos secundarios, con lo que sólo deberían administrarse para casos excepcionales. Se presentan en forma de píldoras o inyecciones, pero siempre deberemos tener en cuenta las contraindicaciones.

El control de la reproducción de nuestra amiga exige de una constante preocupación por nuestra parte. Como el celo dura varios años, en muchos casos es preferible utilizar un método definitivo y recomendado por los veterinarios: la esterilización. Se trata de una operación quirúrgica que se realiza con anestesia general, lo que constituye un riesgo, pero si nuestra amiga está bien en su peso, con los controles médicos y vacunas al día, el riesgo se minimiza. Lo importante además es saber que el procedimiento bien ejecutado no posee efectos secundarios y con él también se evita un alto porcentaje de posibles quistes ováricos, tumores en útero, ovarios y otras infecciones uterinas. Realmente si lo que queremos evitar es que nuestra gata entre en celo o tenga descendencia éste es el método más seguro, pero hay que considerar que no se debe esterilizar a una gata menor de 3 meses, haya tenido o no su primer celo.

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