Entre Mascotas

¿Por qué y cómo reacciona tu mascota?

Siempre nos preguntamos cómo podemos hacer para interrelacionarnos mejor, pues a veces es complicado

 14:09  
¿Por qué y cómo reacciona tu mascota?
¿Por qué y cómo reacciona tu mascota? 

Guillermo Elzo Siempre nos preguntamos cómo podemos hacer para interrelacionarnos mejor con ellas, pues a veces resulta muy difícil comunicarnos. En algunos otros artículos he publicado cómo deberíamos actuar para lograr una mejor comunicación con nuestros amigos, pero ¿qué saben ellas respecto de sus amos? ¿Cómo nos ven? ¿Qué piensan de nosotros? Muchas preguntas sin respuesta. Bien, intentaremos saber un poco más al respecto como un medio de ayuda que puede que nos aclare esta difícil comunicación con nuestros amigos que no hablan nuestro idioma.
Para los humanos, la comunicación oral constituye la base por la cual podemos relacionarnos. Si bien no es la única alternativa para obtener comunicación con nuestros congéneres, sigue siendo la más importante y desde niños recibimos clases para engrandecer cada vez más este conocimiento. Eso, de una u otra manera, inhibe el desarrollo de otros sentidos que resultan ser básicos a la hora de poder entender a otros seres que conviven con nosotros. En nuestro caso cada palabra o frase que utilizamos está relacionada con una figura o signo común para todos (abecedario), que utilizamos y aprendemos para poder relacionarnos.

Bueno, este mismo abecedario común que cada uno de nosotros utiliza también existe en el reino animal. La forma es distinta, los signos no los han transformado en figuras que pueden leer, pero los conocimientos adquiridos de sus ancestros y los que se encarga de enseñar cada madre resultan básicos para la convivencia y relación entre cada una de las especies.

Lo más importante que debemos tener claro cada uno de nosotros, amos de una mascota, es que para ellos nuestro lenguaje dejó de ser un problema. Su primera y fundamental actividad al incorporarse a compartir nuestros hogares está dedicada a la observación de nuestros movimientos, nuestra voz poco les importa ya que como ellos no la consideran fundamental para la comunicación, les resulta mucho más provechoso fijarse y estudiar cada uno de nuestros movimientos, relacionados generalmente con una acción, y guardarlos en su memoria.

Esto sí es común sea cual sea la especie que elijamos como mascota amiga. Para poder estar tranquilos y relajados el conocimiento de su entorno resulta básico. Por genética, todo lo que les resulta desconocido en un principio causa temor. Cualquier movimiento de nuestras manos, sonidos, olores que no conozcan deberán investigarlos primero con extremada cautela y una vez que sientan que están seguros, actuar frente a ellos calmadamente. Sus cuerpos durante este proceso de observación y descubrimiento estarán tensos, listos para emprender la retirada al más mínimo indicio de agresión, pero no actuarán ni investigarán nada sin antes tener establecido y claro cuáles son los caminos de fuga previstos y dónde pueden refugiarse ante cualquier imprevisto.

Si nunca se les enseñó a confiar y tener contacto con los humanos, su actitud inicial será de defensa. Mostrarán los dientes, ladrarán, revoletearán sus alas, en algunos casos como los roedores alzarán su cuerpo y colocarán sus patas por delante para protegerse, emitirán fuertes sonidos de advertencia, en definitiva como a ninguno de ellos les gusta entablar combate intentarán persuadir al adversario para que se aleje primero. Frente a ello, nosotros como amos debemos darle su espacio y evitar, tal como ellos lo hacen, mirarlos fijamente pues es el signo más claro de agresión y al mantener la calma lo más probable es que sean ellos quienes pronto se acercarán a nosotros para relacionarse.

Generalmente los casos de agresión relacionados con los animales que no te conocen se deben como causa fundamental a malos movimientos efectuados por nosotros. Por ejemplo, un gato asume una posición de defensa. Emite inclusive algunos sonidos de advertencia y nosotros los ignoramos y queremos igual alzarlo. Lo más probable es que suframos mas de algún rasguño. Si un perro que no conoces te mira directamente a los ojos y no está moviendo su cola y tú no obstante levantas la mano para tocarle le cabeza y además lo miras fijamente, estás emitiendo un mensaje claro de agresión que éste responderá en consecuencia y puedes llevarte algún mordisco. Por otra parte, si introduces bruscamente tu mano dentro de la jaula de un loro e intentas tocarlo, sin preocuparte de observar su postura corporal, el resultado será un fuerte picotazo.

Si ellos dedican muchas horas y días a conocer todos tus movimientos vale la pena que tu también dediques tiempo a lo mismo. Como no puedes consultarle qué le gusta o qué no porque no recibirás respuesta, aprende de ellos mirándolos, relaciona sus movimientos con sus actos, acércate a ellos de la manera más tranquila posible, míralos de reojo, nunca directamente, logra su confianza, demuéstrale que en tus brazos se sentirá seguro, nunca lo presiones a hacer algo con rudeza, menos intentes pegarle porque si bien puede que no conteste a tu ataque la relación de ahí en adelante será para nuestro amigo traumática. Tu presencia lo atemorizará, intentará rehuir el contacto directo, además de que considerará a todos los de tu especie como agresores y cuando tenga la mas mínima oportunidad de escapar de ese martirio no dudará un segundo en hacerlo. Si bien el último que deja la casa suele ser el perro fiel no es menos cierto que éste siempre intentará mantenerse alejado.

Por último, cada especie actúa de manera distinta. El gato es independiente, y estará donde le ofrezcan la mejor comida, el mejor trato y el abrigo más acogedor, las aves vivirán en su jaula, pero eso no quita que si el ambiente les es hostil y no les gusta cualquier puerta abierta será utilizada de manera inmediata para escapar a diferencia de otras que reciben un mejor trato y si bien utilizan esa vía de escape para explorar regresan en muchas ocasiones a su guarida donde se sienten seguras. Lo mismo sucederá con los hámster, cobayas, conejos, hurones etc., siendo un poco más difícil la relación con serpientes, iguanas y tortugas que, aunque pueden resultar excelentes mascotas, aún conocemos muy poco de ellas y de su idioma corporal de comunicación para poder intentar relacionarnos mejor.

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