´53 muertos (el día después)´, por Joaquín Campos

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Residentes observan desde su balcón mientras cientos de bomberos chinos luchan para apagar un incendio en un rascacielos de 25 pisos en Shangái.
Residentes observan desde su balcón mientras cientos de bomberos chinos luchan para apagar un incendio en un rascacielos de 25 pisos en Shangái.  EFE/STR

Joaquín Campos. Shanghái
Se ha levantado la persiana de un nuevo día que no pudo ser para cincuenta y tres seres humanos. Tampoco la luz entra con claridad para los cien heridos que hoy no saben si podrán levantar o no cabeza. Shanghái, hasta ayer engreída y en fase ascendente gracias a su esperpéntico crecimiento en forma de rascacielos y la reciente finalización de la exitosa Exposición Universal, es hoy un mar de dudas a causa de una catástrofe evitable que pone en tela de juicio los medios con los que la supuesta economía del mundo puede defenderse de un simple error humano.

Si un edificio de veintiocho plantas arde como una cerilla, ¿qué pasará cuando alguno de los mastodónticos rascacielos de Pudong de más de cien plantas caiga en el mismo error? Hoy los medios no chinos sacan a la luz las penosas condiciones de los bomberos, inutilizados con minúsculas escaleras, lanzando agua al limbo; y que además no disponían de helicópteros –en China ese medio aéreo sigue pareciendo un peligro para la integridad del Gobierno- para intentar sacar con vida a los desgraciados que en el techo del edificio acabaron saltando, según testigos presenciales.

Debieron pensar los pobres antes de ser devorados por las llamas, con la vista errada de tanto fuego y humo, que esos chorros de agua inútiles que lanzaban desde los edificios colindantes eran lágrimas de pena por ver como no les podían ayudar. En China se invierte antes en la construcción del rascacielos más grande del mundo que siquiera en un sistema de seguridad de tercera categoría. Y así les va. No existen nunca datos oficiales sobre perecidos en minas, construcción y accidentes de tráfico. Y la única razón es clara y contundente: en esos dramas China sí es la primera potencia mundial. Y claro, reconocer semejante desfondamiento no es hecho común entre la flor y nata del Partido Comunista, mucho más preocupada de organizar eventos, levantar centros comerciales, autopistas de siete alturas o terminales de aeropuerto de apariencia modernista.

En la última semana el complejo de inferioridad chino salió a la luz con más fuerza que nunca: primero, anunciando la creación del tren más rápido del mundo (que superaría al japonés, su primer enemigo) que unirá Shanghái con la vecina Hangzhou; y segundo, diciendo a bombo y platillo que el ordenador más rápido del planeta (que dejaría atrás a su competidor americano, su segundo enemigo) también es ´made in China´. Como se puede ver en este país sólo y exclusivamente se lucha por competir, por pelear y por aparentar; que tras tantos siglos en el furgón de cola parece ahora de obligado cumplimiento llenar los ánimos del nacionalismo más chusco. Pero China por mucho que corra, crezca y saque músculo sigue siendo un decorado llamativo que al darle la vuelta no es más que una trastienda llena de cables pelados, bolsas de plásticos y porquería de los más variopinta.

No serán menos de cincuenta y tres los empleados de la construcción que en la última semana habrán perdido su vida levantando plantas y más plantas por cien euros al mes. Tampoco habrán sido menos los mineros que habrán muerto escarbando tierra y tragando gases nocivos para la salud. Pero nunca será lo mismo que un edificio de apartamentos ardiendo ante la atenta mirada de los medios internacionales a los que dio tiempo hasta de tomarse un descanso por la enorme tardanza en apagar las llamas de los bomberos de Shanghái. Casi seis horas. Algunos nuevos ricos, aquellos que decidieron ponerse la casa o la oficina en la planta noventa y tres de alguno de los violentos rascacielos que decoran Shanghái, estarán hoy con la nuez algo más prieta.

Cuando la alarma social es alta –por ejemplo, en el caso de los bebés envenenados y fallecidos por leche con melanina de hace un año- el gobierno chino suele ajusticiar a un par de altos cargos. Veremos qué hacen ahora porque espero que no se acaben cargando al pobre desgraciado que no calculó bien la soldadura… si es que tampoco está muerto.

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