L. M. MÁLAGA
Dice el doctor Antonio del Corral que el estrés existe desde los tiempos de las cavernas y que casi nadie escapa, en mayor o menor medida, a su virulencia. Los sindicatos de casi todas las profesiones, a excepción probablemente de los agregados culturales de las embajadas, tienen un alto porcentaje de riesgo. Sin embargo, su intensidad es mayor en algunos casos y las bajas responden a un perfil más o menos concreto.
Según el especialista, el rostro del quemado en el trabajo no tiene edad, aunque adquiere rugosidades que lo vinculan a profesionales que superan la treintena y se enfrentan a puestos de responsabilidad. Las profesiones liberales son las más afectadas. Médicos, docentes, periodistas, algunas de las más frecuentes.
La estadística también se hace eco de otro dato con bastante aceptación. La población más susceptible de este tipo de trastornos dibuja una hipótesis con cuerpo femenino. Especialmente, en lo que respecta a cuadros asociados a la depresión, que son más frecuentes entre las mujeres de la provincia de carácter ampliamente responsable, apunta Del Corral.
Para explicar el fenómeno, Juan Manuel Guerrero, responsable autonómico de la materia en UGT, alude a conductas primitivamente enraizadas en algunas empresas. Los comportamientos patriarcales o machistas, señala el sindicalista, están detrás de muchas de las bajas demandadas por las trabajadoras.
Las circunstancias que determinan los trastornos son muy variadas, aunque la mayoría se supedita a situaciones de excesiva carga mental. Algunas son demasiado obvias, pero otras generan un desgaste a fuerza de su repetición. Es el caso de no poder planificar el trabajo, no disponer de la posibilidad de expresar una opinión o recibir instrucciones incompatibles. Los expertos recomiendan redefinir la cultura empresarial y atender a los informes que indican que la motivación y el bienestar del trabajador redunda en la producción final y son uno de los motores de la rentabilidad.
No obstante, el cuadro alegre que bosquejan los especialistas dista mucho de la realidad en las empresas del país. Los datos de UGT son contundentes y precisan que las compañías no están preparadas para la resolución de conflictos. De hecho, el 33 por ciento de ellas aplaza su actuación, dejando que la controversia o el problema se enquiste y persevere y un doce por ciento de los trabajadores reconoce que en su entorno laboral no existe ningún canal o medio para superar las tensiones. "El problema de fondo es que las empresas siguen primando los intereses económicos a la satisfacción de sus empleados, lo que afecta a su propio beneficio", concluye el observatorio de UGT.
Al margen de la gestión empresarial, Guerrero menciona también una serie de situaciones endémicas del sistema productivo que favorecen la aceleración de estos cuadros. Entre ellas, el elevado índice de inestabilidad e incertidumbre sobe el futuro, además de los salarios bajos, la pérdida de poder adquisitivo o el ritmo de trabajo. Quien esté libre de presiones, diría Del Corral, que tire la primera piedra.