IGNACIO A. CASTILLO. MÁLAGA
El fracaso escolar es uno de los problemas más graves que sufren en la actualidad los sistemas educativos. La trascendencia de sus consecuencias, que sobrepasan el ámbito escolar, y su extensión, en mayor o menor grado por todos los países desarrollados, justifican el interés de instituciones y asociaciones de docentes y de padres por paliar sus efectos. Sin embargo, y a pesar de ello, las cifras, lejos de disminuir, aumentan, según los datos aportados por la revista especializada ´Magisterio´, que cita fuentes del Ministerio de Educación y del Instituto Nacional de Estadística (INE). Un tercio de los alumnos andaluces suspenden la mayoría de sus asignaturas y, por tanto, fracasan en sus estudios, con los consiguientes problemas que ello acarrea, incluidos los psíquicos.
Andalucía dobla además las tasas de abandono escolar prematuro que se da en el resto de países de la UE. El 36% de los jóvenes de entre 18 y 24 años no se gradúa en ESO. Estos datos muestran la necesidad de iniciar una acción global alejada de la creencia de que los alumnos en apuros son vagos o tontos. Algo falla. El hecho de que haya escolares con dificultades para superar con éxito las exigencias del sistema implica no sólo factores individuales, sino educativos, sociales y culturales.
´Magisterio´ señala que el fracaso escolar continúa creciendo en España y ya alcanza la cifra del 30,8% del alumnado. Desde el año 2000, España ha aumentado 4,2 puntos sus tasas de fracaso, es decir, casi un 16%. Sólo en los dos últimos años lo hizo en 2,3 puntos (8%). En la comunidad andaluza se agrava esta situación, con tasas por encima de la media y sólo por detrás de Ceuta, la Comunidad Valenciana, Baleares, Melilla y Canarias. El fracaso escolar afecta al 34% de los estudiantes andaluces, según los datos del Ministerio y ha aumentado en 7,3 puntos en seis años, es decir, un 27% (las últimas cifras corresponden al año 2006 y se comparan con las obtenidas en el año 2000, fecha desde la que se tienen datos).
Peores cifras. Estos datos ponen en evidencia que ha sido precisamente Andalucía, junto a Valencia, la comunidad donde más ha crecido el fracaso escolar en el primer sexenio del nuevo siglo. La Comunidad Valenciana se ha situado en el segundo puesto del ranking negativo tras mantener una evolución asombrosa: desde 2000 ha empeorado 14,4 puntos (es decir, un 57%) lo que deja al sistema educativo valenciano, según la revista, al borde de la quiebra. A su lado, la evolución andaluza parece pequeña, aunque en realidad es muy preocupante. En todo caso, Andalucía ha mejorado en unas décimas con respecto al curso anterior.
Aunque el aumento de la inmigración puede influir en el aumento de estas tasas, otros datos extraídos de la Encuesta de Población Activa (EPA) por esta revista especializada permiten suponer que el aumento del fracaso escolar debido a la inmigración desde 2000 es de aproximadamente dos puntos, por lo que la mitad de la variación (y el ya endémico que afecta todos los años a más de la cuarta parte de la población) es independiente de los fenómenos migratorios y se nutre, íntegramente, de los estudiantes españoles.
Como puede apreciarse en el gráfico, el mapa muestra cómo el fracaso es más pronunciado en el sur de la península y en los dos archipiélagos. Esta distribución norte-sur del fracaso escolar es coherente con los resultados del último informe PISA, correspondiente al año 2006. Lo que es menos coherente es la posición de algunas regiones: aunque La Rioja y Castilla y León eran las comunidades no sólo con los mejores resultados en esa evaluación internacional, sino en porcentaje de alumnos por debajo del nivel mínimo, no aparecen en los últimos puestos de fracaso, mientras que sí lo están Asturias y País Vasco, que tenían un porcentaje mucho mayor de alumnos con niveles bajos de competencia.
Las chicas, mejor. ´Magisterio´ ahonda en el género de ese fracaso escolar y asegura que, por sexos, las diferencias son también abismales: 14 puntos separan el 37,6% de fracaso de los chicos del 23,6% de las chicas. Nueve comunidades tienen un fracaso escolar masculino por encima del 40% (entre ellas, Andalucía, en la sexta posición, con un 41,8%) mientras que sólo cuatro tienen un fracaso escolar femenino por encima del 30%. El sesgo, por tanto, no sólo es geográfico. Así, un chico valenciano o ceutí tiene alrededor de un 50% de probabilidades de fracasar, mientras que una chica asturiana o vasca sólo el 10%. Es decir, cinco veces más.
En Andalucía, el fracaso escolar femenino afecta al 25,8% de la población estudiantil.
El triste honor de ser la región con un fracaso escolar más equitativo es Ceuta, porque consigue que fracasen más de la mitad de las chicas y más de la mitad de los chicos.
Medidas que encienden una luz
Durante el este curso, el eje estratégico de la Consejería de Educación es el desarrollo de la Ley de Educación de Andalucía (LEA), aprobada a finales de 2007. La ley quiere ser una garantía de una educación de calidad, atendiendo, especialmente, las diferentes expectativas, necesidades y ritmos de aprendizaje del alumnado. Uno de los objetivos marcados es favorecer el éxito escolar del alumnado, mejorando su rendimiento académico y optimizar el proceso educativo mediante sistemas de evaluación y diagnóstico. Estas abarcan todos los niveles educativos.
Así, en Educación Infantil la Consejería ha publicado el nuevo decreto por el que se establece la ordenación y las enseñanzas correspondientes a esa etapa, así como el desarrollo del currículo y su evaluación. Ya en el segundo ciclo se propicia el acercamiento de los escolares a la lengua escrita como instrumento para expresar, comprender e interpretar la realidad a través de la lectura y la escritura; y también se inicia al alumnado en una en una lengua extranjera y en la utilización de las TIC. Unos 17.000 alumnos de 5 años se benefician en Málaga de este sistema.
En Educación Primaria, se han establecido programas de refuerzo de áreas instrumentales básicas (Lengua, Matemáticas e Idioma). Esta iniciativa está destinada al alumnado que no haya pasado de curso o que haya promocionado con alguna de estas asignaturas pendientes o tengan dificultades.
También existen programas de adaptación curricular, que consisten en la modificación de los elementos del currículo para dar respuesta al alumno que requiere apoyo específico, cuando existen necesidades educativas especiales o se ha producido una incorporación tardía el sistema.
En la ESO también se ha puesto en marcha una serie de medidas específicas, además de las ya heredadas de Primaria. Entre otras, se dedican dos horas semanales en Primero y una en Segundo a desarrollar programas de refuerzo.
Se establecen, además, programas de diversificación curricular, que se imparten a los alumnos que precisan de una organización de los contenidos, actividades prácticas y materias del currículo diferentes a las establecidas con carácter general y de una metodología específica para alcanzar los objetivos y competencias básicas de la etapa y el título de graduado.
Por la tarde. El programa de acompañamiento escolar está destinado a mejorar el rendimiento escolar del alumnado con dificultades en el aprendizaje en situación de desventaja socioeducativa. Se imparte durante cuatro horas semanales, dos días, y por la tarde. En 234 centros se desarrollan en la provincia estos programas, de los cuales este curso se han incorporado 76 colegios y 14 institutos. 775 profesores y 125 alumnos mentores participan en estos programas.
Los planes de compensación tienen la finalidad de atender específicamente al alumnado que por diversas circunstancias personales o sociales se encuentra en situación de desventaja para el acceso, permanencia y promoción en el sistema educativo.
Y para los que no terminen la ESO existen los programas de Cualificación Profesional Inicial, que tienen el objetivo de favorecer la inserción social, educativa y laboral de los jóvenes mayores de 16 años sin el título.