ANA SALAMANCA/EFE. MADRID
La crisis puede acabar con el tópico de que los españoles acuden a los juegos de azar cuando tienen más dificultades económicas. La actual coyuntura ha hecho caer los ingresos de bingos, máquinas recreativas, casinos y la ONCE, y frena el aumento del gasto en loterías y apuestas del Estado.
Los casinos y bingos atraen visitas, pero el negocio se resiente, y lo mismo ocurre con otros juegos de azar como la ONCE. "Se nota que al cliente le han subido la hipoteca. Acude al bingo, pero juega menos. El gasto (3.700 millones de euros en 2007) ha bajado un 8 por ciento, y puede ser peor", dijo Juan José Sánchez Colilla, gerente de la Confederación de Empresarios del Juego del Bingo. También los casinos, que recibieron casi dos millones y medio de visitas hasta el 31 de agosto (un 3,10 por ciento más que en 2007), notan los efectos de la crisis, ya que los ingresos cayeron un 9,83 por ciento.
Para otros, afirmar que en tiempos de crisis se juega más es "una falacia". Al menos, así lo cree César Palacios, director de Juego de la ONCE. "La gente juega con el dinero que le sobra. Lo primero es la hipoteca, el pan y los gastos fijos y, si queda algo, entonces lo gasta con alegría".
Los únicos juegos de azar que aún no registran caídas en las ventas son los de gestión pública, aunque el porcentaje de crecimiento se ha ido frenando conforme avanzaba el año. El sorteo de Navidad, el más popular, "dará idea del resultado final", dijo Juan Gallardo, director de Coordinación de Loterías y Apuestas del Estado.
Los ciudadanos acuden a las administraciones preferentemente por los sorteos con premios más jugosos, a buscar "un buen pellizco" que resuelva preocupaciones y deseos. "Vendemos ilusiones, y este año la ilusión es el pago de la hipoteca", explica Concha Corona, encargada de la popular administración madrileña ´Doña Manolita´, resumiendo los comentarios en ventanilla y en los correos electrónicos que reciben. "Otros años hablaban de viajes, un coche, un capricho... ahora la palabra más pronunciada es la hipoteca", asegura. "A veces hacemos de psicólogos. Me gustaría poderme sentar y escuchar más. Es lo bonito que tenemos", agrega Corona desde su administración, donde la afluencia es cada vez mayor, sea por la crisis o por haber repartido décimos del ´gordo´ la pasada Navidad.
La misma impresión tienen en ´La Bruja de Oro´, en Sort (LLeida), donde las colas son tan interminables que el 65 por ciento de la venta se hace por Internet. Cuando todo es más incierto, opina Sascha Badelt, responsable de la web de ´La Bruja´, "la gente se refugia más en la ilusión y se vuelve más esotérica". Aquí no piden un décimo con una terminación o una fecha, buscan suerte. "Hablan mucho de los problemas económicos: no puedo pagar, no puedo comprar..., pero, a pesar de estar tan endeudados, buscan una posibilidad que cambie su situación", asegura.