NICOLE CACHO. MÁLAGA
Hace unos días, la prensa se hacía eco del caso de Jon Favreau, el que será el próximo director de los discursos de la Casa Blanca. Favreau, como otros muchos ciudadanos, tenía un perfil en Facebook, en donde había compartido fotografías personales. Entre ellas, publicó una en la que bailaba en una fiesta con una silueta de tamaño natural de Hillary Clinton, a la que incluso se ´atrevió´ a tocar uno de sus pechos de cartón. Después del anuncio de su nombramiento a tal prestigioso puesto, Favreau se apresuró en borrar todas las imágenes de su perfil de Facebook, aunque ya era demasiado tarde: ´The Washington Post´ había ´colgado´ en su web dichas imágenes.
Kyle Doyle era un teleoperador australiano que se le ocurrió poner en su estado en Facebook "Kyle Doyle no va a ir a trabajar, a la mierda. Todavía estoy de resaca ¡Toma baja laboral!", sin caer en la cuenta que entre su lista de amigos se encontraba su jefe. Por supuesto, fue despedido.
Estos son dos de los millones de casos incómodos y un tanto cómicos de las redes sociales, un punto de encuentro habitual del 50 por ciento de los internautas, según un estudio de Zed Digital. Internautas movidos por lo que los expertos consideran como la filosofía del ´nada que esconder´, una máxima por la que el usuario tiende a ´desnudarse´ sin complejos, a confesarse virtualmente, sin preocuparse de las consecuencias. Y es que muchas veces se pasa por alto que la información vertida, potencialmente accesible a millones de personas, es susceptible de generar malas prácticas con ella. Quien dice Facebook dice también MySpace, Tuenti o las decenas de redes que hay establecidas por todo el ancho de la banda.
Funcionamiento. Pero ¿qué es en realidad una red social? ¿Cómo funciona? ¿Qué rentabilidad le saca Mark Zuckerberg, por ejemplo, a Facebook? ¿Qué precio tiene la gratuidad de este tipo de portales? Como en todas las páginas web, la publicidad es clave para su mantenimiento, pero lo que asusta a muchos bloggers y entendidos es un simple cálculo matemático: según varios estudios (entre ellos Epsylon), sólo el 35% de los directivos de márketing de Estados Unidos apuestan por ´colgar´ anuncios en las redes sociales; y mientras, Microsoft pagó el año pasado 240 millones de dólares por adquirir tan sólo el 1,6 por ciento de la empresa de Zuckerberg.
"Lo que hace empresarialmente valioso Facebook es la base de datos que se está creando, con 120 millones de usuarios activos y cuya cifra va creciendo cada día", denuncia el bloggero José Francisco Alcántara. Una base de datos que tiene truco, puesto que no muchos de los usuarios de Facebook se han leído las condiciones de uso del portal. "Al publicar una foto, por ejemplo, estamos dando derechos a Facebook a que haga con ella lo que quiera", añade Alcántara. Y ya van más de dos billones de imágenes regaladas a esta popular red social.
El tráfico de información sin duda representa el lado oscuro de las redes sociales. Los usuarios tienden a convertirse en víctimas para muchas empresas, que pagan por conocer sus perfiles para en un futuro aplicar publicidad personalizada. La buena noticia es que en Europa se aplica la Ley de Protección de Datos, que establece que los datos son del usuario, y no se pueden vender. La mala es que Facebook tiene ADN estadounidense. Sólo Tuenti tiene base en Madrid.
Casos. Sonado fue el caso de Amazon, que automáticamente metía información en los perfiles de Facebook sobre los libros que había adquirido un usuario determinado.
En MySpace, conocido también es el caso que llevó a los tribunales a Artic Monkeys, un grupo de música británico que publicó uno de sus primeros temas en su portal y casi pierde los derechos de la misma. Paradójicamente las clausulas contractuales de este sitio, escaparate para muchos músicos, son especialmente abusivas en términos de propiedad.
El truco, y el consejo, es saber qué se hace y cómo en estas redes. Hay opciones en los mismos portales que pueden restringir el acceso a ciertas fotografías, algo que a Favreau le hubiera servido de mucho en el caso de su baile con Hillary Clinton. Se deben de leer las advertencias y no caer en la filosofía del ´nada que esconder´ si se temen las consecuencias.