PALOMA GÁLVEZ. MÁLAGA
Málaga será, en los próximos meses primaverales, el escenario de la irritación nasal, los estornudos y la agudización asmática de más de 300.000 malagueños que actualmente sufren alergia, principalmente a los diversos tipos de polen. La elevada concentración de gramínea y olivo prevista este año, marcada por el aumento de las lluvias en otoño, sitúa esta primavera entre las peores de los últimos diez años.
La rinitis y el asma son las patologías alérgicas más frecuentes entre los malagueños, y la ciudad, el lugar en el que los síntomas se agudizan de forma más intensa, debido a los altos índices de contaminación. "Actualmente los alérgicos al ciprés ya han empezado a sufrir los efectos de la alergia, lo que demuestra que pasará lo mismo con el olivo o las gramíneas, que es lo que más se da en Málaga", explica José Manuel Barceló, especialista en afecciones alérgicas. El 40 por ciento de los malagueños que padecen rinitis alérgica, irritación nasal, sufre también de asma, enfermedad que comienza a manifestarse con una tos persistente y que en la provincia malagueña supera el 10 por ciento, desmarcándose al alza de la media nacional.
La primavera del año 1996 supone un antecedente fundamental para conocer de qué manera afectará este año la intensa polinización a los pacientes alérgicos. "En 1996 en la provincia de Málaga llovió cinco veces más que el año anterior, lo que provocó un crecimiento del 500% del polen. Aquella primavera fue una de las peores para los alérgicos y se prevé que ésta sea igual por ese aumento de las lluvias", apunta Barceló, quien asegura que pese a que la reacción anómala a los ácaros es la patología más extendida, son los malagueños alérgicos al polen los más perjudicados durante los meses de marzo, abril y mayo.
Tratamiento. Aunque sólo uno de cada diez alérgicos españoles se vacuna, los expertos coinciden en que el tratamiento de la inmunoterapia, basado en antihistamínicos y corticoides inhalados, es el único que puede modificar el desarrollo de la enfermedad. Sin embargo, su efectividad nunca alcanzará el cien por cien. "Cuando se presentan 3 ó 4 episodios con síntomas estacionales intensos hay que estudiar si los individuos son alérgicos para proceder al tratamiento", explica Miguel Blanca, jefe de la Unidad de Alergología del Hospital Carlos Haya, la única dedicada a esta patología en la provincia.
Blanca insiste en que una pieza clave en el control del paciente alérgico es "evitar los desencadenantes", como por ejemplo no permanecer en el exterior durante las horas en que los niveles de polen en el aire son más fuertes. La subida imprevista de las temperaturas también puede empeorar la situación del 20 por ciento de malagueños que sufren esta afección.
En la mayor parte de los casos, la falta de adherencia del paciente a la inmunoterapia se debe a la escasez de conocimiento del afectado sobre su enfermedad y tratamiento. "Cuando una persona con 50 años sufre un episodio alérgico no es que haya empezado a ser alérgico a esa edad sino que en ese momento por la polinización se han intensificado los síntomas, lo que afecta a la prevención", agrega Blanca.
Afectados. Así, Málaga podría convertirse en uno de los puntos del país más afectados por el aumento de polen en el aire. "Aunque en los pueblos del interior sea lógico que haya más pacientes, en realidad ocurre lo contrario, ya que en la capital hay que sumar a la floración de las plantas, la intensa contaminación que existe", añade Barceló, que apela a la realización inmediata de las pruebas de diagnosis y a la aplicación del tratamiento como efecto protector.