IGNACIO A. CASTILLO. MÁLAGA
Niños, adultos y ancianos. Todos en torno a una Virgen que, durante todo este tiempo, ha ejercido como la Madre abnegada de los vecinos de Capuchinos, los alumnos del colegio de San Bartolomé, la comunidad salesiana de Málaga y la archicofradía que le rinde culto. Una devoción que Don Bosco se encargó de propagar durante toda su vida, asegurando que sus devotos eran objetos de gracias especiales. Ayer, la imagen de Navas Parejo salió en procesión, como cada año, aunque amplió su itinerario hasta Fuente Olletas para llegar hasta el nuevo monumento al fundador de la orden, inaugurado hace unos días, obra del onubense Martín Lagares. Allí se realizó una ofrenda floral.
Y mereció la pena. En principio, este cambio en el recorrido se había propuesto sólo para este año, pero los vecinos de las calles Santa María Micaela y Cristo de la Epidemia también han sabido rendirse a sus plantas y dieron la más cálida de las acogidas posibles a la Virgen en su transitar por esta zona, engalanada con infinidad de banderolas de color rosa y celeste, y recibiendo a la Señora con pétalos.
El cortejo salió a las 18.30 horas desde el santuario. Tras la cruz alzada y los faroles guía, cuyos portadores estrenaban túnicas y roquetes, iban los conocidos como niños del clero, presencia salesiana muy característica, que iban junto a los de primera comunión delante de las andas de Santo Domingo Savio, portado por alumnos de sexto de Primaria, en tres turnos.
Una representación de la archicofradía de la Sangre, como cada año, participó en la comitiva con su guión corporativo y delante del trono de Don Bosco, adornado con liliums blancos en cuatro ánforas recién restauradas en cada esquina. La banda de Lágrimas de San Pedro interpretaba marchas para cornetas y tambores.
Niños angelitos, rescatados de viejas fotografías en sepia, formaban también parte de un cortejo integrado por hermandades de Gloria y miembros de la comunidad educativa del colegio Salesiano, que precedían al trono de la Virgen, de dorado refulgente, exornado con liliums y claveles rosa. Sobre él, la Virgen, con su nueva impronta tras salir del taller de Miñarro, cada vez más regia, cada vez con mayor poder devocional. Los portadores, con el debido traje oscuro. Y tras Ella, la banda de la Paz.