IGNACIO A. CASTILLO. MÁLAGA
El Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) no deja lugar a dudas. Algo falla en la educación en España. ¿Pero qué? El informe que cada trienio realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sitúa el nivel docente español en el puesto 31 de los 57 países analizados. A la cola de Europa. Y Andalucía, a la cola de España, ya que es la comunidad autónoma, de las diez analizadas, que ha obtenido una peor calificación.
En concreto, los alumnos andaluces de 15 años obtienen 463 puntos en Matemáticas, frente a los 480 del conjunto de los españoles y los 498 del promedio de la OCDE. El resultado de los estudiantes de la región lo mejoran incluso Portugal y Croacia. Mientras, en comprensión lectora logran 445 puntos, frente a los 461 de la media española y los 492 de la OCDE. El resultado andaluz también lo mejoran en Grecia y Turquía. En lo que se refiere a ciencias, obtienen 474 puntos, por debajo nuevamente de los 488 de España, los 500 de promedio en la OCDE los de Italia y Portugal.
No es un dogma. El informe PISA es un estudio internacional de evaluación educativa, pero los expertos consultados por este periódico se niegan a elevarlo a la categoría de `dogma de la educación´. Sí es una referencia que pone el dedo en la llaga y que, si se aprieta, duele. Y mucho. Y más en el caso andaluz. La consejera de Educación, Cándida Martínez, ha salido al paso de las críticas vinculando estos malos datos al bajo nivel de instrucción de muchas familias. Algo parecido a dicho el presidente Zapatero, achacando estos resultados al retraso histórico del que España partía.
Del mismo modo, la Junta ha contraatacado destacando los logros en cuanto a equidad educativa, una segunda liga que parece jugarse en PISA, que cuenta no sólo que todos los alumnos tengan niveles similares, sino que los menos posibles se queden por debajo de un nivel mínimo. Claro que, en esta división, es Azerbaiyán la que encabeza la tabla.
En cualquier caso, el informe PISA no puede convertirse en un cesto lleno de piedras que sirvan para ser arrojadas entre unos y otros, y mucho menos en función de interés políticos. Al contrario, debe ser una oportunidad para reflexionar, llevar a cabo un buen diagnóstico de la situación y mejorar.
Tampoco debe servir PISA para comparar lo incomparable. En este caso, no debe analizarse desde valores absolutos. Más bien habría que relativizarlo. ¿Qué tiene que ver La Rioja con Andalucía, por poner un ejemplo no demasiado lejano? La comunidad andaluza, entre otras cosas, soporta el 32% de la inmigración en España y escolariza a los hijos de esos extranjeros, que suelen tener problemas de comprensión y adaptación. Andalucía hace un gran esfuerzo por la integración de estos escolares, pero este trabajo `sucio´ no sale reflejado en las estadísticas.
Tampoco puntúan los programas complementarios, la educación en valores que reciben los alumnos andaluces. Cuando PISA también se preocupe de esta educación transversal , seguramente las cosas cambiarían. Porque la educación no es sólo instrucción ni se deberían abandonar otros pilares básicos de la enseñanza para mejorar el currículum en este afamado informe de la OCDE.