Saetazos

Prolegómenos

10.02.2016 | 00:47

Miércoles de Ceniza tempranero el de este año. Aún queda algún polvorón y ya las primeras torrijas asoman. Cuando hoy la Liturgia nos llama de nuevo al ayuno, la oración y la limosna, muchos consultan las predicciones meteorológicas para Semana Santa y otros bruñen enseres mientras los tambores redoblan sus ensayos. Los augures –ignoro por qué habitualmente tan pesimistas– hablan de lluvias, e incluso de huelgas de recogida de basuras. Desalentadores presagios para cuantos nos afanamos en preparar con celo y durante todo el año la frágil y efímera flor de la procesión.

Sin embargo, hoy la consigna eclesial para la Cuaresma, cara a la Semana Santa y la Pascua, es nítida: «Conviértete y cree en el Evangelio». Nada se nos dice de isobaras ni de convenios laborales. Tampoco de procesiones. En realidad, ni siquiera es un mensaje cuaresmal, sino una invitación a la vida, a asumir de veras la Palabra del Señor, su Amor y su Misericordia para con todos, o sea a vivir en plenitud esa fe que quienes procesionamos decimos profesar y practicar.

Mas nuestras preocupaciones, me temo, al menos las más notorias, oscilan entre encargos de capirotes, montajes de altares y tronos, proclamas de pregones, programas de conciertos, ediciones de carteles y un largo etcétera de prolegómenos a medida de cada cual.

Nada malo hay en ello. O mejor, quizá nada de malo habría si los preparativos internos, de pecho adentro, corrieran parejos a los externos, de medalla para afuera. En cambio, se me ocurre, si unos no acompañan a los otros, la cuestión podría ser distinta. Basta, pienso, con recordar el segundo mandamiento del Decálogo. Ese Decálogo que Cristo aseguró no venir a abolir, sino a darle exacto y completo cumplimiento.

Medito sobre el asunto mientras planeo rescatar mi túnica del armario, y me pregunto si más que por la huelga de Limasa no debería preocuparme por la recogida de basuras de mi alma. Acaso no sea el polvo de mi hábito el que más precise limpiar. Quizá convenga que recuerde que «polvo soy, y en polvo me he de convertir».

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