Síndrome cofrade

Orgullo

16.02.2016 | 05:00

Este año me ha pillado la Cuaresma casi empezada y tengo que esmerarme si quiero salvarme –ya saben que es mi eterna lucha– así que me he propuesto estudiar y recordar una parte del catecismo, ese librito tan básico y tan olvidado. Pero haremos guiños a la actualidad para que estos estudios no sean tan pesados –si alguna vez lo fueron– como recuerdan nuestras mentes. Me dispongo a hablarles de los pecados capitales y éste es el primero: el orgullo. Orgullo bien entendido es lo que siente cualquier cofrade cuando ve su hermandad en la calle, por ejemplo. Ejemplo básico. Cuando se siente reafirmado en ese grupo. Ya nos vamos complicando. Cuando forma parte de ese conjunto de personas. Nivel difícil. Orgullo mal entendido o soberbia es cuando la estima por ti mismo es tan grande que no ves más allá de tu nariz, de tus proyectos –que son los mejores–, de tu oposición a todo y por todo –que es la más cierta– y de tu verdad –que es la única que vale por excelencia, porque tú eres así de majo–. ¿De este último tipo conocemos todos unos cuantos, verdad? Según la doctrina estos son los que buscan el honor y la atención? olvidándose del grupo para convertirse en los seres más individuales del mundo mundial. Claro que tienen un problemilla: sin el resto, no son nada. Porque esa es la base de las cofradías ¿no? Un conjunto de hermanos bajo la misma fe y una advocación. Se nos olvida la mayoría de las veces que el conjunto es lo que hace grande a estas corporaciones, que la humildad es fundamental para trabajar en grupo, para comprendernos y entender a los demás y sobre todo para sentirnos orgullosos de lo que hacemos. Un orgullo individual sin nadie con quien compartirlo es pura miseria ¿De qué sirve? De nada. Porque al final, fuera ya de toda religión, las personas sensatas se separan y alejan de todos estos señores y señoras que en su afán de superioridad han dejado una multitud de cadáveres en la cuneta. En el ámbito político es llamado por algunos como la soledad del poder, yo simplemente le llamaría: la soledad de los que han perdido el norte.

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