Arte

Policromía del XVIII para suelos de tronos

Crismón ha policromado los suelos de los tronos de la Humildad en Málaga, del Resucitado en Antequera y de dos tronos de Casabermeja

27.03.2016 | 05:00
El suelo del trono de la Humildad, realizado en 2013.

Al igual que muchas fachadas de la Málaga del XVIII en las que la arquitectura fingida ahorraba al propietario caros mármoles, el dorador de la época, el antequerano Miguel Jiménez, que trabajaba para el tallista malagueño Astorga, también abarató el resultado final gracias al empleo de bol rojo.

Se trata de una pintura de tierra «que es una solución barata porque no utiliza el oro y queda muy bien», explica Manuel Fernández, historiador del arte de Casabermeja y fundador de Crismón Patrimonio Cultural. Con la ayuda fundamental de su mujer, María Jesús Galiñanes Oubiña, con carta de artesana en dorado y policromía, la pareja ha rescatado esta olvidada técnica del XVIII, con la que ahora policroma los tronos de las cofradías y les da un realce que bebe de la tradición.

«Actualmente se suelen utilizar marmoreados en los suelos de los tronos, pero sigue siendo un sistema uniforme y poco imaginativo», considera Manuel, que se encarga de asesorar en el diseño.

Un buen ejemplo de la recuperación de esta técnica es el suelo del trono del Cristo de la Humildad, de Málaga capital, obra realizada en 2013. «El diseño es nuevo, querían incorporar un águila romana y tomé la inspiración del suelo de la Capilla Sixtina», explica.

Crismón también ha realizado el suelo neoclásico del trono del Resucitado de Antequera, una obra de cuatro meses que podrá admirarse hoy, Domingo de Resurrección, en su estreno.

Además, también han salido del esfuerzo de María Jesús Galiñanes y Manuel Fernández los suelos de los tronos de Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores de Casabermeja, cofradía de la que son hermanos y para la que trabajaron de forma altruista.

La técnica original del XVIII para policromar aplicaba primero una capa de yeso o estucado (yeso con cola de conejo) para eliminar los poros y dejar la superficie compacta, a continuación una capa de bol y por último el pan de oro. Pero en los suelos de los tronos, retablos y peanas, el pan de oro «no tiene sentido», cuenta Miguel Fernández, «porque irá una imagen o se va a pisar».

El dorador Miguel Jiménez realizó muchas de sus obras con más rojo que oro y los resultados son espléndidos. Uno de los ejemplos más bellos se encuentra en Casabermeja. Se trata del mueble con fondo de bol rojo que guarda la custodia del Corpus. El artista antequerano lo realizó hacia 1750 con los materiales sobrantes del dorado de la custodia.

El responsable de Crismón precisa que la técnica del XVIII no se aplica tal cual ya que ha evolucionado: «Hay pinturas ya preparadas, porque estamos en el siglo XXI y empleamos un rojo similar al bol y como factor nuevo lo envejecemos y por último se pule con cera natural y da esa sensación tan magnífica».

Crismón está en contacto con las cofradías de Estudiantes de Málaga y Antequera, así como con la Hermandad de La Bofetá de Sevilla. La empresa de Casabermeja cree que hay mucho por hacer con esta técnica recuperada.

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