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Centenario del hundimiento

Sobrevivir al Titanic

Conocemos la historia de Violet Jessop que sobrevivió a los accidentes de los tres mejores transatlánticos de su época

 16:17  

Texto de Eduardo Martín de Pozuelo No sólo sobrevivió al hundimiento del Titanic. También al del Britannic y al accidente del Olympic, los tres mejores transatlánticos de su época. La biografía de Violet Jessop, una camarera irlandesa que nació en la Pampa argentina, supera lo imaginable.

Quizás el capitán Edward Smith, que se ahogó con su barco, o el radiotelegrafista Phillips, que murió en su puesto emitiendo la señal de socorro hasta el último instante, sean algunos de los tripulantes del Titanic más recordados cuando se habla del naufragio del transatlántico más célebre de la historia. Sin embargo, ni uno ni otro, ni ninguno de los célebres multimillonarios que viajaban en el buque pueden arrebatar a Violet Jessop, una humilde camarera, azafata en primera clase, haber acaparado la biografía más intensa de las 2.228 personas que iban a bordo el día del naufragio que cumple su centenario el día 15 de este mes.


Imagen de un grupo de trabajadoras del Titanic, entre las que se encuentra Violet Jessop, la tercera por la derecha.

Entre la tripulación del Titanic sólo había 23 mujeres, tres de las cuales perecieron. El resto se salvó, y entre ellas estaba Violet Jessop, joven, bella y luchadora. Una mujer a la que la vida deparó un destino extraordinario, pues sobrevivió a los tres accidentes que experimentaron los tres mejores barcos de la naviera White Star o, lo que es lo mismo, quizás los tres mejores barcos de una época. Violet Jessop salió indemne en 1911 del Olympic, que casi naufragó tras un abordaje fortuito; sobrevivió al hundimiento del Titanic, en 1912, y se salvó del naufragio del Britannic, hundido en 1916 durante la Primera Guerra Mundial. Tres barcos hermanos, pertenecientes a la Clase Olympic, tres peripecias imponentes y una mujer, Violet Jessop, para contarlas.

100 años del naufragio


Este mes se cumplen cien años del naufragio del Titanic, que, sin ser el más catastrófico en víctimas de la historia (este triste récord lo ostenta el Wilhelm Gustloff, en 1945), ha pasado a convertirse en el mito que encierra una lección general de humildad pese a que ningún técnico de sus astilleros, los Harland & Wolff de Belfast, afirmara, como tantas veces se ha dicho, que fuera insumergible. En cambio, es cierto que sus constructores pregonaron, ufanos y orgullosos, desde el mismo día que comenzó a levantarse desde la quilla, que el Titanic era la más grande y mejor máquina jamás construida por el ser humano. Y era verdad.

Su construcción congregó la admiración pública de propios y extraños, de modo que su leyenda nació antes de ser botado. Su dramático viaje inicial, que le llevó a terminar destrozado en el fondo del océano, fue una señal para una época que también comenzaba a irse a pique. No se percibió en aquel instante, pero su fracaso técnico y social fue la pantalla en la que se proyectó trágicamente un modo de entender una vieja sociedad en evolución que no tendría cabida en el turbulento siglo XX, escenario del sufragio universal, de revoluciones, de guerras civiles y de dos guerras mundiales casi sucesivas.

Más de dos mil personas iban a bordo, y los pasajeros más poderosos, ricos o afamados acapararon las biografías e historias que emanan desde entonces del Titanic, un sonoro sustantivo que irremediablemente absorbe protagonismos.


Los pasajeros del Titanic intentaron sobrevivir con los botes salvavidas.

Sin embargo, el Titanic no era un hijo único. Al contrario. Tuvo dos hermanos de singular parecido: el Olympic y el Britannic, que también experimentaron accidentes, apenas recordados, eclipsados por el drama de su célebre pariente. Es cierto que el Olympic salió relativamente bien parado de su lance y que acabó sus días desguazado, final natural para un barco; pero el Britannic, el más joven de los trillizos, terminó en 1916 en el fondo del mar Egeo. Y como eslabón que une a los tres barcos, emerge una humilde mujer que iba para pastora de ovejas en Argentina y que terminó sus días en una casita del Reino Unido después de haber vivido y superado los accidentes del Olympic, del Titanic y del Britannic: Violet Jessop.


De izquierda a derecha: El Titanic, el Olympic y el Brittanic.




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